Дорогие соотечественники, друзья!
Поздравляю Вас   С ПРАЗДНИКОМ
ДЕНЬ РОССИИ!  

  ➜ Полный текст поздравления
Посол Российской Федерации в Испании Юрий Петрович Корчагин 

Конец «хуанкарлизма». Последнее прощай экс-короля Хуана Карлоса Первого

0

Испанская Эль Мундо опубликовала репортаж с корриды, которая состоялась на специальной арене в мадридском Аранхуэсе (Aranjuez — Madrid). По существу, это репортаж о последнем публичном мероприятии заявившего об окончательном уходе на покой экс-короля Испании — встреченного овациями Хуана Карлос Первого, уступившего трон сыну Фелипе Шестому после 50 лет, прожитых в жестокой борьбе в самой гуще жизни общества.

Ранее Русская Испания о том же:
28.05.2019 ● Отрекшийся от испанского престола Хуан Карлос I заявил о желании уйти на покой

В качестве лейтмотива события издание приводит слова одного из поклонников, которое имеет откровенно двойной поэтический и политический смысл: «Una faena que se vaya, ya no será lo mismo». По смыслу «Время трудов уходит, теперь всё будет иначе». Репортаж пронизан чувствами ностальгии и утраты: «Nostalgia y pérdida»

Автор Эмилия Ландалусе (EMILIA LANDALUCE) с сожалением и грустью упоминает о сопровождавших Дона Хуана Карлоса Первого жестоких осуждениях со стороны прессы и общества, которые ему пришлось пережить в последние годы правления.

Описывая детали, Эмилия сообщает читателям, что событие было формально посвящено матери экс-монарха Марии, потрет корой украшал королевскую ложу Площади Aranjuez, где, кроме главного действующего лица были дочь Его Величества принцесса Елена, его внук Флориан де Маричалар, его сестра Пилар да Борбон и его и его племянница Симонета Гомес-Асебо. Все они видны на фото, потрет Доньи Марии на заднем плане.

Сообщается также, что не обошлось без появления на мероприятии противников корриды, но их акция была малочисленной и не агрессивной.

Символичным совпадением автор репортажа сочла 50-летний срок публичной жизни Дона Хуана Карлоса и количество ступенек на лестнице, ведущей в королевскую ложу, которые специально к этому мероприятию были оборудованы перилами, которых накануне не было.

Интересующиеся жизнью монаршей семьи найдут полный тест статьи здесь: elmundo.es

La tarde de toros en Aranjuez se convirtió en un reclamo para el juancarlismo militante. «Una faena que se vaya, ya no será lo mismo».
Adiós a la vida pública. Los motivos del complicado ocaso del Rey Don Juan Carlos
Lejos de los focos. El Rey Juan Carlos se jubila con el reto de no poner en nuevos apuros a la corona
50 escalones. 25 el primer tramo. Otros 25, el segundo. Y una barandilla que no había antes de ayer para que Su Majestad pudiera subir y bajar al palco real de la Plaza de Aranjuez. Un poquito de morder metal y esa proverbial mala salud de hierro. Como la tuvo su madre, Doña María, presente en un retratito que habían colocado en la pared. Por algo era la homenajeada de este domingo aunque el anuncio de la jubilación de Don Juan Carlos, trastocara las intenciones de la empresa.
Los 50 escalones de Aranjuez han sido el último trámite del Rey Juan Carlos en una plaza de toros y en la vida institucional española. El final de casi 50 años en el centro de la vida pública. «Una faena que se vaya. Ya no será lo mismo», decía un aficionado sin percatarse del doble sentido.
Hacía calor de justicia y ambiente de fiesta. En la calle perpendicular a la plaza, unos pocos antitaurinos con más fe que afición. Era una concentración mínima. De esas que de tan política identificaba la fiesta con la Monarquía, pese a que en otro siglo también los Borbones renegaron de las corridas. Tuvo que ser un diputado catalán quien las recuperará para la nación en 1812.
El bullicio impregnaba los alrededores de la plaza. Los «restoranes» estaban hasta arriba. Cinturones y camisas almidonadas. Mujeres peripuestas. Lo normal. Juan Carlos, «Rey de la Democracia», se despedía de este mundo de ayer y, por qué no decirlo del mundo cruel (el presente hostil), que con tanta crudeza le ha juzgado en los últimos años de su reinado.
Decían que la corrida homenaje a Doña María sería el último acto público (más o menos semioficial) del Monarca. Y enseguida, pese a que la convocatoria era previa, la tarde de toros se convirtió en reclamo para que el juancarlismo militante, condición no excluyente de los monárquicos de Felipe VI, acudiera a la plaza de Aranjuez a despedir a su rey en lo que será quizás la última ocasión que veamos a un Jefe de Estado español en un coso taurino.
A algún aficionado se le escapaba la lágrima. «Es que yo también era joven cuando él llegó a Rey», comentaba un señor. Y esa sensación de tristeza -pese a la algarabía quizás en exceso vocinglera de las plazas de esta categoría (segunda)- parecía compartida por muchos aficionados. Con el Rey Juan Carlos se van muchas cosas. Una época, una manera de hacer las cosas, cierta alegría, la ilusión de un tiempo en el que todo estaba por hacer. La banda tocaba el Concierto de Aranjuez en lo mejor de Morante pero a muchos les sonaba esa canción de Porter: «Cada vez que dices adiós, muero un poquito». Nostalgia y pérdida.
La plaza de toros de Aranjuez es tan poco cómoda hoy como debía serlo en 1797, cuando la construyeron. «De las plazas más antiguas de España», se jactaba un local hincando rodilla en el costillar de la espectadora que la precedía en la grada.
Sobre las siete menos diez llegaron Pedro Trapote y su mujer Begoña García-Baquero, anfitriones del Rey Juan Carlos y su comitiva en el almuerzo que se celebró en los Jardines de Oñate. Así que cuando aparecieron, muchos imaginaron que Su Majestad ya había empezado el ascenso de los 50 escalones. El calor denso deformaba el albero en oasis y palmeral. En la plaza no cabía un alfiler. Incluso los tendidos de sol, en donde se frisaban los 45 grados, estaban abarrotados. Los abanicos aleteaban como polillas más que como mariposas. «Pues se ha llenado la plaza», decía un incrédulo.
LA LLEGADA
Y puntual, a las siete de la tarde apareció el Rey Juan Carlos, junto a su hija, la infanta Elena, y a su hijo Felipe, y Doña Pilar, que acaba de anunciar que está enferma de cáncer y llegó flanqueada por Simoneta y otro de sus hijos Gómez Acebo. También les acompañaba su amigo Manuel Piñera, casado con la heredera del imperio del whisky DYC y uno de los cicerones de SM en los cosos taurinos. En la entrada habían dejado a la simpática alcaldesa de Aranjuez: Cristina Moreno, vestida de blanco.
«¡Viva España!», se gritaba. «¡Viva la Guardia Civil!» En las barreras, como capotes de paseo, varias banderas nacionales. Aquí en los toros también hay gente que se entiende. Incluso sin hablar. Sonó el himno nacional. El público, atento al palco, tardó en reaccionar con el silencio respetuoso.
En la barrera, Santiago Abascal, más morantista (o Morante más voxista) que monárquico. Salió el primero de Jandilla para el diestro de La Puebla. Algunos recordaban cómo hace unos años el torero brindó la faena a García Trevijano, proverbial líder republicano, aunque «leal» -en palabras del político- al Rey Juan Carlos. «Nada hay incompatible», decía entonces el torero, que dedicó la lidia de su primero a Su Majestad.
Un poquito más arriba del líder de Vox, el pintor y escultor valenciano Juan Ripollés, con su característico atuendo y el sombrero de caracol. A la derecha Nuria González, mujer de otro de los más destacados miembros del juancarlismo, Fernando Fernández Tapias.
No podía faltar Pilar González Del Valle, marquesa de la Vega de Anzo.
El llenazo de Aranjuez hubiera sido inconcebible en otras circunstancias. A los clásicos quizás les pareció que el ambiente era demasiado poco solemne para despedir de la vida pública al Rey de la Democracia.
A las nueve de la noche el calor no decaía. Mató el último toro Manzanares. Se llamaba Horroroso. Seguro que al monarca, supersticioso, no le gustó el nombre. O sí, por coña, que siempre la ha tenido.
Entonces, les dedicaron una ovación con palmas como nunca escuchará ningún político en un parlamento como si realmente fuera su último acto público, aunque seguramente volverá a los toros en unos días.

Оставить комментарий