В Испании профсоюзы заявили о дополнительной дискриминации сезонных рабочих

Radiografía de Segrià, la comarca de Lleida que vuelve al confinamiento tras la nueva normalidad

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Заявление о дискриминации сезонных рабочих в связи с коронавирусом сделало 8 июля каталонское отделение профсоюза Главное объединение рабочих (UGT), сообщает газета La Vanguardia.

Речь идет о районе Сегрия (Льейда) в Каталонии, где был введен карантин из-за новых вспышек распространения коронавируса. Профсоюз приводит в пример обращение властей населенного пункта Аитона к сезонным рабочим. Их просят «ограничить» свою активность в публичных и частных местах таким образом, чтобы после завершения их рабочего дня они «оставались в своих домах и выходили на улицу только в случае крайней необходимости».

Профсоюз призвал не «ставить клейма» на сообществе сезонных рабочих, которые не виноваты в том, что им приходится выполнять полевые работы. По заявлению профсоюза эпидемиологический кризис выявил нарушения трудовых прав сезонных рабочих, о которых организация говорит уже несколько лет: о рабочем дне по 12 часов, несмотря на то, что заработная плата идет из расчета 40 часов в неделю.

По мнению UGT, большие компании призвали людей на временные полевые работы, однако не взяли на себя труд обеспечить им соответствующие условия. Профсоюз обвинил департамент здравоохранения Каталонии в неэффективности, поскольку последний не разработал обязательных для выполнения норм, чтобы коллектив полевых рабочих не оказался в ситуации, когда его считают источником распространения коронавируса.

По словам представителей профсоюза, власти Каталонии приняли решение ввести карантин для жителей района, но не ввели карантин не эксплуатацию сезонных рабочих.

Напомним, под данным минсельхоза Испании, для сезонного сбора урожая аграрному сектору страны необходимо от 100 тыс. до 150 тыс. сезонных рабочих.

Radiografía de Segrià, la comarca de Lleida que vuelve al confinamiento tras la nueva normalidad
La zona en la que se ha restringido la movilidad es el epicentro de una gran región agrícola, que atrae cada año a 30.000 trabajadores y que está ahora en plena campaña de recogida de la fruta
El desconfinamiento por fases había de desembocar en una nueva normalidad permanente, pero eso ya no será así en todos los sitios. La Generalitat catalana ha anunciado este sábado que la comarca del Segrià, que comprende la ciudad de Lleida y una treintena de municipios colindantes, quedará bajo un confinamiento perimetral que restringirá los accesos que no sean por motivos laborales o de fuerza mayor.
La medida, que afecta a 210.000 personas, se toma después de que se hayan detectado en las últimas semanas hasta nueve rebrotes de coronavirus, de los cuales ocho se mantienen activos, y con más de 365 positivos por coronavirus en la última semana.
Tras conocerse la mala evolución de la epidemia en la zona, todos los dedos apuntaron de inmediato a las actividades económicas predominantes, el sector hortofrutícola y, en menor medida, al agroalimentario. La provincia de Lleida concentra el 43% de toda la actividad agraria de Catalunya y dos tercios de su superficie están cultivados, con un reinado absoluto de la llamada fruta dulce, es decir, melocotón y nectarina, pera y manzana, aunque también tienen importancia, en las zonas más secas, los cultivos de cereales y el forraje, que se usa para elaborar piensos.
Otra de las características del Segrià es que es el epicentro de una extensa zona rural que ocupa buena parte de la provincia de Lleida pero también una buena proporción de terrenos pertenecientes a Huesca y Zaragoza. Fue en esta zona de Aragón donde, precisamente, hace dos semanas el Gobierno autonómico decidió aplicar en cuatro comarcas las medidas de la fase 2 de la desescalada, tras detectar varios focos de contagio, sobre todo entre trabajadores del campo.
La Generalitat valoró entonces positivamente la coordinación con el Ejecutivo aragonés, que había recomendado a sus propios ciudadanos que limitasen la movilidad, aunque no la llegó a cerrar. Sin embargo, el contacto entre ambas zonas es muy estrecho.
Para empezar, el hospital de referencia para todos los municipios de la llamada Franja aragonesa es precisamente el Arnau de Vilanova, en la capital lleidatana, que tiene un 10% de pacientes que viven en Aragón. Lo mismo ocurre con varios de los servicios, zonas de compras u ocio, y no solo para la zona aragonesa, sino también del Pirineo y la Catalunya central.
Además, muchos de los temporeros optan por hacer noche en Lleida o los municipios colindantes, desde donde se desplazan diariamente para acudir al campo de otras zonas o, también, van moviéndose por temporadas según avanza la campaña de la fruta.
Los riesgos de la cosecha de fruta
Una de las características de este cultivo de fruta dulce es que se recoge a mano, con una gran necesidad de mano de obra en la campaña de la recogida, lo que hace que en los meses de primavera y verano haya mucha movilidad geográfica y población desplazada. Entre 30.000 y 35.000 personas se desplazan cada año a Lleida para trabajar en el campo, según los datos de la patronal. La mayoría acuden con contratos o acuerdos previos, y también teniendo previsto el lugar donde vivirán, que en ocasiones son proporcionados por los dueños de las plantaciones. Pero no siempre es así.
«Es evidente que hay gente que viene sin tener trabajo, y es habitual porque saben que llegarán aquí y acabaran trabajando. Unos dos mil temporeros se quedan cada año en la calle o en condiciones de infravivienda, ocupando granjas abandonadas o donde pueden», explica Gemma Casal, activista de Fruita amb Justicia Social, una entidad que lucha por las condiciones de vida de los temporeros.
Según explica Casal, si este año ha sido extraordinario para todos, también lo ha sido en el campo de Lleida. «Mucha gente que se ha quedado sin trabajo en el sector turístico o en la construcción y ha venido aquí a probar suerte. También es cierto que la patronal de la fruta llamó para que la gente viniera», apunta.
Desde el sindicato Unió de Pagesos, que agrupa a buena parte de los productores de fruta, consideran que no pueden asociarse directamente los contagios con el trabajo en el campo. «No todo el mundo que está por la calle es temporero», asegura Jaume Pedrós, responsable de temporeros de la entidad, que destaca que en pleno confinamiento llegaba a la ciudad Lleida mucha gente, cuando se suponía que no estaba permitido.
Más allá de esto, Pedrós asegura que los agricultores en general han aplicado todas las medidas de seguridad recomendadas por Salut, debido a que «se juegan la cosecha de un año en quince días o un mes» por lo que son «los primeros interesados en que no haya un brote en alguna de sus cuadrillas».

n alargarse los próximos 15 días.

Источник eldiario rossaprimavera

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