Испанская La Vanguardia расхвалила российские дачи

La llamada de la dacha

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Текст: Мария Иванова / Испанская газета La Vanguardia назвала российские дачи «идеальным местом для самоизоляции». Издание подчеркнуло, что только на дачах москвичи и жители других городов могут забыть о масках и перчатках.

La Vanguardia отмечает со ссылкой на данные мобильного оператора МТС за апрель, что 15 процентов абонентов уехали из Москвы на дачи еще в конце марта.

Ситуация с коронавирусом заставила тех россиян, у кого нет дачи, о ней мечтать. Результаты опроса, проведенного на портале объявлений «Авито», показали, что 23 процента пользователей хотят купить дачу. А те, у кого дачи нет, пользуются приглашениями друзей или родственников. В итоге летом около 71 процента россиян отдыхают в загородных домах.

La Vanguardia отмечает, что дача стала частью российского потребительского общества. Витрины и рекламные брошюры пестрят надписями «все для дачи». В апреле и мае продукты питания пропадают с первых линий магазинов, а их место занимают садовые кресла, навесы, мангалы, топоры, газонокосилки и семена. Реклама в газетах предлагает построить «дачу мечты» в кратчайшие сроки.

В апреле спрос на аренду дач в России вырос на 90 процентов по сравнению с прошлым годом. Антрополог Михаил Алексеевский заявил, что в последние годы россияне все чаще предпочитали оставаться в городе и посещать парки и кинотеатры, но из-за коронавируса популярность дач возвращается.

Как писал «Рамблер», ранее замминистра строительства и ЖКХ Никита Стасишин выразил уверенность, что дачи не не станут постоянным местом проживания россиян, после пандемии они снова будут проводить больше времени в городах. Он отметил, что людям приходится тратить 2-2,5 часа, чтобы добраться на работу с дачи.

La llamada de la dacha
La tradicional casa de campo rusa es la opción ideal para salir del confinamiento por el coronavirus
Abril y mayo son en Rusia meses para soñar y planear el verano. Aunque aún se puede sufrir una nevada perdida, la llegada del buen tiempo pide a gritos escapar de la ciudad. Y eso pasa necesariamente por la dacha y la parcela que la acompaña, más o menos grande, que sirve de huerta para llenar de conservas caseras las despensas del invierno o para entretenerse plantando flores, para descansar sencillamente o para practicar el deporte nacional: barbacoa y brocheta de carne.
El coronavirus se ha cruzado por medio este año. Pero eso no ha frenado los sueños de los rusos. Antes, al contrario. Unos vecinos están cargando su viejo Lada con todo lo necesario para pasar una temporada lejos de la ciudad. Y Andréi, el del quinto, se siente tanto o más afortunado porque un mensajero con guantes y mascarilla le acaba de traer una segadora y una máquina de compostaje con las que se entretendrá los fines de semana y en sus vacaciones de agosto.
El 45% es propietario de una residencia rural, pero un 71% pasa allí las vacaciones, de alquiler o en una de sus amigos
Ambos forman parte del 45% de afortunados que tienen una dacha en propiedad y que seguro que ya están disfrutando. A pesar del confinamiento, en Moscú el sistema de permisos digitales QR, ideado para quienes tienen que seguir trabajando de forma presencial, ha permitido también dos permisos semanales para asuntos propios, como el viaje a la dacha de ida y vuelta, ya sea en coche particular, autobús o en elektrichka (trenes de cercanías).
Las primeras dachas en Rusia aparecieron en el siglo XVIII, con Pedro el Grande, quien premiaba con ellas a sus hombres por los servicios prestados. La palabra “dacha” procede el verbo “davat” (dar).
Pero la inmensa mayoría de los rusos descubrió las delicias del campo en las décadas de 1950 y 1960, cuando Nikita Jrushov concedió a los trabajadores soviéticos un terrucho fuera de la ciudad. Las patatas que en los sesenta el Estado animó a cultivar permitieron a muchos rusos hacer frente a la crisis de esos años. Y algo similar pasó en los difíciles 90, tras el fin de la URSS.
Hoy, en la pandemia de la Covid-19, las dachas están sirviendo para salir del aislamiento y olvidarse de la mascarilla y los guantes, obligatorios en los lugares públicos en Moscú, como metro o tiendas de alimentación. En abril, el operador de móvil MTS registró que el 15% de sus abonados había dejado la capital desde finales de marzo, cuando se anunció el confinamiento.
Esta cuarentena también hace que quienes no cuentan con una dacha, sueñen con ella. El 23 % quiere comprarse una, según una reciente encuesta del portal de anuncios clasificados Avito. Pero incluso quien no la tiene, aprovecha las casas de campo de sus amigos o familiares. Ese estudio asegura que el 71 % de los rusos descansa en verano en las tradicionales casas de campo.
Hoy forma parte de la sociedad de consumo rusa. Escaparates y folletos anuncian “todo para la dacha”. Antes del coronavirus, ir al hipermercado algo despistado en abril y mayo podría provocar una pequeña sorpresa, ya que en ese tiempo los productos de alimentación se apartan de primera línea y lo único que se ve al entrar son sillas de campo, toldos, barbacoas, hachas, cortacéspedes y, sobre todo, semillas y más semillas. La publicidad de los periódicos más populares son para empresas que te montan la dacha de tus sueños en un periquete.
El pasado mes de abril, la demanda para alquilar una dacha aumentó en Rusia un 90% respecto al año pasado. El antropólogo Mijaíl Alekseievski, que ha realizado un estudio sobre las casas de campo rusas, dice que el coronavirus está provocando una vuelta a esta forma de descanso tradicional. “En los últimos diez años ha habido una seria crisis de las dachas”, porque la gente prefería quedarse en la ciudad disfrutando del ocio urbano, como grandes parques o cines, o irse de vacaciones al extranjero. “De repente, mucha gente ha recordado que tiene una y ha empezado a hacer reparaciones urgentes, priorizando internet”, ha dicho a France Presse.
Y es que el ruso, aunque le guste soñar, también es realista. Y vio enseguida que el coronavirus iba a cambiar, al menos este año, sus vacaciones. Cuando el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, declaró el primer confinamiento del país, se fue al supermercado, cogió el carro y lo llenó de lo imprescindible, o sea, trigo sarraceno y papel higiénico. Y en abril empezó a hacer preparativos para la dacha.
La demanda de productos de “reforma y construcción” se ha disparado un 86%. Las tiendas, aunque sea online y a través de mensajero enmascarado, han vendido este año un 106 % más maquinaria de jardinería que en el 2019. La llamada de la dacha es irresistible.
Источник lavanguardia rambler

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