Испания. Розовое вино — "зона трезвости" среди похмелья на рынке виноделия

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Процветание виноделия в Испании длилось вплоть до самого кризиса и породило 5000 крупных виноделов. Золотыми временами отрасли были времена аукционов, где за бутылку вина толстосумы платили более 1000 евро, а рядовые любители марочного по 40 евро за поллитра; времена, когда знаменитости вкладывали свои баснословные гонорары в покупки виноградников и винных погребов. Когда-то килограмм винограда стоил 400 песет (2,50 евро). 
   Толстосумов не стало меньше, но повальная мода на эксклюзивные вина к 2007 году заметно уступила место моде на другие атрибуты престижа, а к 2010-му году практически канула в лету, оставшись уделом закоренелых консерваторов, которые от этого только выиграли.
    "Теперь никто не покупает вино по 40 евро за бутылку, — рассказывает испанский журналист Энрике Кладуч, (Enrique Calduch), критик и дегустатор вин с 20-летним стажем, — даже в престижном журнал "Винное обозрение" (Wine Spectator) издаваемом в Вашингтоне, лучшие испанские вина с маркой "Toro" фигурируют с ценой меньше 20 евро. Винные погреба в Испании распродаются за бесценок и закрываются один за другим…
   Об этом Дон Энрике рассказал в статье, опубликованной сегодня в испанской "Эль Паис" под заголовком "Похмелье бьет по рынку вина" (La resaca golpea el mercado del vino).  
   Но не все так мрачно. На фоне общего упадка отрасли есть светлые островки: потребления розового вина, как испанского, так и французского, кризис не коснулся. Его экспорт и продажи продолжают расти. Мода на розовые вина столь сильна, что ей не страшны даже общий экономический упадок и поголовное снижение потребления. 
  По статистике, спрос на розовое вино в мире все растет, а его производство стремительно увеличивается — сейчас на этот сорт приходится восемь процентов всего винного рынка мира. Большая часть — 75 процентов — розового вина производится европейцами, доля Франции составляет 28 процентов. Италия и Испания могут похвастаться 21 и 18 процентами соответственно.***
   СМИ Испании: La resaca golpea el mercado del vino.
   Los años de "vacas gordas" atrajeron a constructores y artistas, pero la crisis ha roto el encanto y centenares de bodegas están en 
   Esas viñas mustias que ha visto por la carretera están abandonadas. Son de las que se van a arrancar. Da dolor verlas. El año pasado se arrancaron miles de hectáreas de vid, y eso es también deforestación". Pedro Alcolea, viticultor manchego, y cabeza visible del sindicato agrario Asaja en Socuéllamos (Ciudad Real), se enfurece al hablar del tema. La crisis, "la maldita crisis" que ha hundido el mercado del vino, está transformando La Mancha. "Si los costes se mantienen o suben, y el precio de la uva baja, son muchos los que van a abandonar", sentencia. Al fin y al cabo, Bruselas, en un intento de racionalizar la producción, paga 4.500 euros por hectárea de viñedos que se arrancan. Y prima al viticultor que retira del mercado los excedentes de vino, destilándolos en alcohol para uso de boca, ese que va a aumentar la graduación del coñac o de otros vinos.
   La crisis cambiará La Mancha, teme Alcolea. Esta llanura inmensa que asoma a ambos lados de la carretera comarcal que une Pedro Muñoz con El Toboso y Socuéllamos, jalonada de cepas en vaso y en espaldera. La geometría perfecta de los viñedos llega casi hasta el asfalto. Hileras infinitas de viñas, recién podadas, dominan el paisaje. Éste es el corazón de La Mancha, una región vitivinícola que representa la mitad de la extensión dedicada al viñedo en España.
   Más de quinientas mil hectáreas del millón largo que se dedica en este país a los viñedos. La mayor extensión del mundo, aunque la producción, estabilizada en torno a los 38 millones de hectolitros (excluidos los 11 millones que se usan para mosto y alcoholes para uso de boca), sea la tercera mundial, detrás de Francia e Italia. La distancia era antes mucho mayor. "Con la entrada en la UE se incrementó la producción gracias al regadío, para aumentar también las rentas de los viticultores", dice Alcolea. El rendimiento de las viñas se multiplicó, con consecuencias conocidas para el famoso Acuífero 23 que nutría las Tablas de Daimiel, ahora recuperadas.
   La industria floreció y España se llenó de bodegas y de vinos de denominación de origen. Se pasó de un puñado de marcas conocidas, a las casi setenta denominaciones que se encuentran hoy en el mercado y a las 5.000 bodegas. El vino español, pensaban muchos, incluido Alcolea, iba a comerse el mundo. "Es cierto. A mediados de los años noventa fue la locura. Se pagaba a 400 pesetas (2,50 euros) el kilo de uva. Fue un momento increíble y creo que a partir de ahí hubo gente, famosos y empresarios, que pensaron que era estupendo hacer vino. Crearon bodegas y sacaron vinos al mercado a 40 euros la botella. Ahora nadie compra una botella a ese precio", cuenta el periodista Enrique Calduch, crítico de vinos desde hace dos décadas. Será casualidad, pero los dos vinos que encabezan la lista de los cien más interesantes que selecciona la prestigiosa revista Wine Spectator, un vino criado en Washington y un español de denominación de Toro, cuestan 19 euros la botella.
   Y es que los tiempos han cambiado. Víctor Pascual, presidente del Consejo Regulador del Rioja, calcula que en aquella década prodigiosa inversores de fuera del sector crearon un 30% de las 1.200 bodegas de La Rioja. Y no lo lamenta. "Es bueno que entre capital. Muchas de esas bodegas son auténticas catedrales del vino que han fortalecido uno de los grandes pilares de nuestro negocio, que es el enoturismo".

По материалам: Europa Press, Reuters, Euronews, AFP, EFE, AP, rian.ru***
Николай Кузнецов, сайт Русская Испания

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