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La familia real de los Países Bajos, al borde de romper su acuerdo de larga data con la prensa

Fotos controvertidas de la princesa Alexia: el rey Guillermo Alejandro dispuesto a declarar la guerra a los periodistas

El pacto no oficial entre la monarquía y la prensa ha sido quebrantado. La vida privada de la princesa se ha vuelto asunto público. El rey se vio obligado a responder públicamente. La situación podría cambiar las reglas del juego para siempre.

En los Países Bajos se está gestando un conflicto serio que podría cambiar para siempre la relación entre la casa real y los medios de comunicación. Un acuerdo de caballeros que durante décadas protegió la vida privada de la familia monárquica se ve amenazado por una serie de publicaciones provocadoras que han generado no solo gran repercusión pública, sino que también han obligado al propio jefe de Estado a intervenir.

La chispa que encendió este conflicto latente fueron unas fotografías de la princesa Alexia, de veinte años, la segunda hija del rey. Tras las celebraciones oficiales a mediados de septiembre de 2025, cuando toda la atención estaba centrada en la familia real, la joven se permitió un breve descanso del protocolo. Unos paparazzi captaron en secreto el momento en que la princesa esperaba a un amigo en la terraza de un local. Poco después, llegó por ella un automóvil azul brillante, conducido por el conocido rapero neerlandés Antoon, tres años mayor que ella. Días después, estas imágenes aparecieron en la portada de una popular revista holandesa con un titular llamativo, convirtiendo un momento privado en un asunto público y despertando la indignación de muchos ciudadanos.

Este incidente puso en duda una práctica de casi veinte años, conocida como el «código mediático». Esta norma no escrita, introducida por la princesa Beatriz y respaldada por el actual monarca, establecía un equilibrio claro. Los periodistas tenían acceso ilimitado a todos los actos oficiales en los que participaba la familia real. A cambio, la prensa se comprometía a no invadir la vida privada de los monarcas, especialmente la de sus hijas: Amalia, Alexia y Ariane. Para mantener este equilibrio, la casa real organizaba dos veces al año sesiones fotográficas especiales a las que podían acudir todos los medios interesados. Este modelo de relación basada en la confianza fue durante mucho tiempo un ejemplo para otras monarquías europeas.

La ruptura de este frágil equilibrio llevó al rey Guillermo Alejandro a pronunciarse públicamente. En un mensaje a la nación durante un programa de televisión, el monarca comentó por primera vez la situación en torno a su hija mediana. Evitó responder directamente a la pregunta sobre una posible demanda contra la publicación, pero sus palabras fueron bastante claras. El jefe de Estado subrayó que la libertad de prensa es uno de los pilares fundamentales de un Estado de derecho democrático, una herramienta imprescindible para «denunciar los abusos». Sin embargo, interviniendo también como padre preocupado, hizo un llamado a la responsabilidad y la contención, destacando que una institución tan importante no debe ser utilizada para invadir la vida privada con fines de lucro.

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