
Hoy Leo Harlem cumple 62 años, y más de veinte de ellos los ha dedicado al humor, convirtiéndose en una de las figuras más reconocibles del panorama escénico español. Sin embargo, pocos saben que su entrada en el mundo del espectáculo fue completamente accidental, y que antes de eso Leonardo González Feliz —así es su verdadero nombre— tuvo varias profesiones alejadas de la interpretación.
El giro decisivo en su vida llegó en 2002. Por entonces, unos amigos enviaron a escondidas una grabación de una de sus actuaciones amateurs a un concurso del popular programa «El club de la comedia». Para sorpresa de todos, no solo pasó la selección, sino que además quedó cuarto en la final del III Concurso de Monólogos. En ese momento, era difícil imaginar que este show, que le abrió la puerta de los escenarios, acabaría siendo durante muchos años su principal lugar de trabajo. Después llegarían papeles en proyectos como «La hora de José Mota» y éxitos en el cine, entre ellos las comedias «Villaviciosa de al lado» y «La familia Benetón».
Antes de que su vida diera este giro radical, Leonardo llevaba una existencia completamente normal. Creció en Valladolid, aunque es originario de Matarrosa del Sil, en la provincia de León. En su adolescencia, ayudaba a su padre en la panadería familiar, aprendiendo los secretos del oficio. Más tarde entró a la universidad, primero probando arquitectura y luego derecho. El propio Harlem ha confesado que de joven era un estudiante bastante perezoso y que no se concentraba demasiado en los estudios, ya que aún buscaba su vocación.
Finalmente, dejó la universidad y encontró su camino en un ámbito completamente diferente. Desde los 28 hasta los 40 años, trabajó principalmente como camarero en un local de Valladolid llamado «Harlem». Fue precisamente este lugar el que le dio el nombre artístico con el que se haría conocido en todo el país. Él mismo recuerda esa etapa como una escuela de vida invaluable. Trabajar desde temprano por la tarde hasta altas horas de la noche, mientras todos a tu alrededor se divierten y tú estás trabajando, le enseñó mucho y forjó su carácter.
Sus primeros pasos como humorista aficionado los dio gracias a su amigo Mariano, propietario del bar «La Salamandra». Fue él quien, al ver el talento de Leo, insistió en que se animara a subir al escenario. Así comenzaron sus primeras actuaciones, una de las cuales fue grabada en vídeo y lo catapultó a la fama.
A pesar de su vida pública, Leo Harlem protege celosamente su vida privada. Prefiere no abordar en sus monólogos temas como la política, la religión o las relaciones personales, considerando que el humor debe unir a las personas y aliviar tensiones, no crearlas. Solo se sabe que desde hace muchos años mantiene una relación con una mujer llamada Nuria, a quien conoció en su época universitaria. La pareja decidió conscientemente no tener hijos. Harlem explicaba que se debe a la gran responsabilidad que implica y a la falta de tiempo por su exigente agenda laboral.












