
Este año, el ambiente en la residencia real a las afueras de Madrid es notablemente distinto al habitual. Los últimos meses han sido complicados para la corona española y las tradiciones familiares han quedado bajo la lupa. La reina Letizia decidió que las fiestas de invierno debían ser un momento de calidez y acercamiento, y no de ceremonias formales. Por eso asumió la organización de la cena de Navidad, con el propósito de crear un ambiente verdaderamente hogareño para sus seres queridos.
En los últimos años, las cenas familiares en la Zarzuela se celebran en dos áreas distintas del palacio. La reina Sofía reúne a sus invitados en las estancias principales, mientras que el rey Felipe, junto a Letizia y sus hijas, prefieren el ambiente íntimo del Pabellón del Príncipe. Tradicionalmente, se les unen la madre de Letizia, Paloma Rocasolano, y su pareja, el empresario británico Marcus Brandler. Esta vez, es probable que la hermana de la reina, Telma Ortiz, también tome asiento en la mesa.
Cambios familiares
Mientras la reina Sofía prefiere una cena temprana en compañía de su hermana Irene, y luego acude a la misa de Navidad, el rey Felipe las acompaña al servicio religioso. Las hijas del rey Juan Carlos, las infantas Elena y Cristina, cada vez suelen pasar las fiestas con su padre en el extranjero — ya sea en Abu Dabi o en Suiza. Sus hijos también se reúnen allí, aunque los detalles de esos encuentros permanecen en privado. Así, la mesa navideña en la Zarzuela se convierte en símbolo de una familia real dividida, donde cada quien busca su propio refugio de calidez.
El menú de la cena, a pesar de su carácter real, sigue siendo tradicional: se sirven salmón ahumado con enebro, jamón, foie gras, anguilas, pudín de pescado y pavo relleno. Pero lo más importante no es la comida, sino quién la prepara. Esa noche, los cocineros habituales descansan y la propia Letizia, junto a su madre, se encarga de todos los detalles en la cocina. Para ella, es fundamental que la celebración sea no solo elegante, sino verdaderamente familiar.
Calidez hogareña
Para la reina, el regreso de sus hijas a casa tiene un significado especial. La princesa Leonor acaba de iniciar sus vacaciones de invierno, mientras que la infanta Sofía ya lleva varios días disfrutando del descanso. La reunión familiar llena el hogar de alegría, y Letizia hace todo lo posible para que estos días se recuerden por el cariño y la atención. Transforma el Pabellón del Príncipe en un espacio donde reina la comodidad, a pesar de que no es solo una casa, sino también lugar de trabajo para el personal de la corona.
Letizia busca que incluso en la residencia oficial se respire el ambiente de una familia común. Está convencida de que los niños deben crecer en un entorno lo más natural y humano posible, y no rodeados de constantes recordatorios de estatus y protocolo. Por eso, la reina ha implementado nuevas normas que afectan no solo a la organización de las celebraciones, sino también a la vida cotidiana en Zarzuela.
Nuevas normas
Una de las principales novedades es la restricción del uso de uniformes por parte del personal en las zonas privadas del palacio. Letizia considera que el exceso de formalidad impide crear un ambiente verdaderamente hogareño. A partir de ahora, el personal que atiende a la familia fuera del horario laboral deberá llevar ropa sencilla de color negro en lugar de los uniformes de gala. Esta medida ha generado reacciones encontradas entre los empleados: para muchos, dejar de lado el uniforme tradicional simboliza la pérdida de estatus y del orden habitual.
Sin embargo, la reina no piensa dar marcha atrás. Para ella es fundamental que el hogar sea un lugar donde sus hijas puedan sentirse como niñas normales, y no como herederas bajo constante vigilancia. Letizia está convencida de que estos cambios fortalecerán los lazos familiares y harán que las celebraciones sean realmente especiales.












