
En Cangas de Onís, donde cada piedra está impregnada de historia, se encuentra un enclave capaz de cambiar la visión del pasado de Asturias. Aquí, en pleno centro de la ciudad, bajo una capilla que a primera vista pasa desapercibida, se oculta un dolmen cuya antigüedad supera los cinco mil años. No se trata solo de una rareza arqueológica, sino de un lugar en el que convergen épocas y donde tradiciones religiosas de distintas civilizaciones literalmente se superponen unas a otras.
Por fuera, el edificio no destaca entre las demás construcciones del casco antiguo. Sin embargo, bajo su planta rectangular se esconde una antigua cámara funeraria formada por enormes losas, algunas de ellas decoradas con enigmáticos motivos geométricos. Esta coexistencia no es casual: en el siglo VIII, el rey Favila y su esposa Froiluba eligieron precisamente este dolmen para levantar el santuario cristiano, subrayando así la continuidad del poder y el carácter sagrado del lugar.
Símbolos y reliquias
La capilla se construyó no solo como lugar de culto, sino también como depósito de una de las principales reliquias de la joven monarquía asturiana: la cruz de madera que, según la tradición, portó Pelayo en la batalla de Covadonga. Esta cruz se convirtió en símbolo de victoria y dio origen a la futura Cruz de la Victoria, mientras que el propio dolmen fue un doble santuario: primero para las tribus neolíticas y después para los reyes cristianos. Esta fusión confiere al monumento un aura especial, donde el recuerdo de los antepasados y la afirmación de la nueva fe se entrelazan en un todo indivisible.
Dentro de la capilla, una escena inusual recibe a los visitantes: a través de una abertura especial en el suelo se puede contemplar el dolmen, elevado a más de tres metros. No es solo una decisión arquitectónica, sino también un potente gesto simbólico que resalta la conexión entre épocas. La estructura actual, restaurada tras las destrucciones de la Guerra Civil, conserva los rasgos de la arquitectura tradicional asturiana: un pórtico con columna toscana, una distribución sencilla pero expresiva que enfatiza la importancia del espacio interior.
Continuidad histórica
Cangas de Onís no es solo una ciudad, fue la primera capital del reino de Asturias. La Capilla de la Santa Cruz es el monumento más antiguo de la ciudad y, al mismo tiempo, es testigo de sus orígenes. En 1931, este conjunto obtuvo la categoría de monumento nacional, lo que remarcó aún más su singularidad. Aquí no solo conviven distintas épocas, sino que prácticamente se funden, generando una sensación de continuidad sagrada que atraviesa milenios.
Quienes visitan este lugar por primera vez suelen quedar sorprendidos por el contraste entre la modesta fachada y la profunda carga histórica en su interior. En apenas unos pasos, se puede recorrer un trayecto de cinco mil años, sentir el aliento de la antigüedad y observar cómo, en un mismo terreno, han ido sucediéndose rituales, creencias y símbolos de poder.
Un hallazgo arqueológico excepcional
Ejemplos similares de superposición de santuarios cristianos sobre construcciones megalíticas son muy poco frecuentes en Europa. En Asturias, este monumento se ha convertido no solo en objeto de interés científico, sino también en lugar de peregrinación para quienes buscan huellas auténticas del pasado. Cada elemento aquí tiene un significado especial: desde las losas macizas del dolmen hasta las líneas sobrias de la capilla, desde los antiguos enterramientos hasta las reliquias cristianas.
En este contexto, resulta especialmente interesante recordar cómo, en otras regiones de España, los monumentos antiguos se transforman en centros de nuevas historias. Por ejemplo, en Andalucía, el castillo medieval de Archonja guarda no solo secretos arquitectónicos, sino también relatos dramáticos de amor y traición que inspiraron a célebres escritores. Más información sobre por qué los turistas desean contemplar el castillo del Trovador Macías, se puede encontrar en nuestro artículo anterior.
Lugar de poder
Hoy en día, la capilla de la Santa Cruz sigue siendo no solo un monumento arquitectónico, sino también un espacio donde se percibe una energía especial. Aquí se celebran ceremonias, la gente viene en busca de inspiración y de respuestas a preguntas eternas. Para muchos habitantes y visitantes de Asturias, este sitio no es simplemente un atractivo turístico, sino un punto de encuentro con la profunda historia de la región.
A pocos metros de las calles bulliciosas, es posible encontrar un lugar donde el tiempo parece detenerse. Cada visita aquí es una oportunidad para acercarse a un misterio que ni arqueólogos ni historiadores han logrado desvelar. Y quizás ahí radique el mayor valor de este monumento único.
El rey Favila, bajo cuyo mandato se erigió la capilla, ocupa un lugar especial en la historia de Asturias. Su reinado coincidió con el periodo de consolidación del reino, cuando se sentaron las bases para la futura independencia y la identidad cultural de la región. Favila era hijo del legendario Pelayo, primer rey de Asturias, y continuó la labor de su padre en el fortalecimiento del poder y la fe cristiana. Su nombre está para siempre ligado a la creación de uno de los monumentos más singulares de España, donde un antiguo dolmen se convirtió en símbolo de continuidad y fuerza espiritual.












