
La humanidad siempre ha buscado inmortalizar su historia y cultura en piedra y metal. Construimos monumentos para recordar el pasado, unir épocas e incluso continentes. Estos mudos testigos de la historia a veces narran sorprendentes relatos de amistad entre pueblos que superan cualquier distancia. Uno de los ejemplos más llamativos se encuentra en pleno corazón de Andalucía, en la soleada y majestuosa Sevilla. Aquí, en una de sus calles más concurridas, se alza una escultura totalmente inesperada para este lugar: «El Explorador».
El monumento representa a un indígena americano de la tribu siux, montado con orgullo sobre su caballo. Esta figura de bronce, congelada en pleno movimiento, parece un portal hacia otro mundo, a las Grandes Llanuras de Norteamérica. ¿Qué hace este símbolo del Lejano Oeste en la capital andaluza?, se preguntará usted. La respuesta está en la fascinante historia de amistad que unió a Sevilla con la ciudad estadounidense de Kansas City.
Todo comenzó mucho antes. Los lazos sólidos entre ambas ciudades, separadas por el Atlántico, surgieron gracias a las activas relaciones comerciales en las que el puerto de Sevilla desempeñó un papel clave. Décadas de exitosa colaboración llevaron a que en 1966 Sevilla y Kansas City se convirtieran oficialmente en ciudades hermanas. No fue una simple formalidad, sino el inicio de un verdadero intercambio cultural, marcado por el respeto mutuo y gestos cálidos. Fascinados por la arquitectura española única, los estadounidenses quisieron rendir homenaje a su nueva ciudad hermana. Ya al año siguiente, en Kansas City se erigió una réplica exacta de la famosa torre de la Giralda de Sevilla y, junto a ella, una copia de la fuente de la plaza Virgen de los Reyes. Este gesto no pasó desapercibido.
El entonces alcalde de Sevilla, Moreno de la Cova, quien asistió a la inauguración oficial de estos monumentos en Estados Unidos, quedó profundamente conmovido. En señal de agradecimiento, decidió renombrar una de las avenidas centrales de la ciudad, la avenida San Pablo, como avenida Kansas City. Así, el nombre de su distante amiga americana apareció en el mapa de Sevilla. Pero el intercambio de gestos no terminó allí. En 1992, cuando España acogió la Exposición Universal ‘Expo-92’, el alcalde de Kansas City hizo un regalo de vuelta. Obsequió a Sevilla la emblemática escultura del indio a caballo.
Este monumento, creado por el reconocido escultor estadounidense Cyrus Edwin Dallin, se ha convertido en un símbolo vivo de la sólida conexión entre dos culturas. Hoy, el jinete de bronce sigue mirando a lo lejos desde la avenida Kansas City, recordando a residentes y visitantes que la verdadera amistad no tiene fronteras y que los puentes culturales pueden ser más fuertes que cualquier tormenta oceánica. No es solo una estatua, sino un emblema de unidad y una prueba de que incluso los pueblos más distintos pueden encontrar un lenguaje común.
RUSSPAIN recuerda que Cyrus Edwin Dallin (1861–1944) fue un destacado escultor estadounidense, famoso por sus obras que retratan a los nativos americanos. Dallin dedicó mucho tiempo a estudiar sus costumbres y cultura, buscando reflejar en sus esculturas la dignidad y el espíritu de estos pueblos. Sus piezas, incluida la famosa serie “Appeal to the Great Spirit”, están instaladas en numerosas ciudades de Estados Unidos y son consideradas patrimonio nacional; la llegada de una de sus obras a España constituye un acontecimiento singular.












