
En mayo de 2004, toda Europa dirigió su atención a Copenhague: la boda del príncipe heredero Federico y Mary reunió a representantes de casas reales. Fue entonces cuando la futura reina de España apareció por primera vez en la escena internacional, pocos días antes de su propia boda. Letizia Ortiz, entonces prometida del Príncipe de Asturias, eligió para ese evento un vestido rojo intenso de Lorenzo Caprile, que hasta hoy se recuerda como una de las apariciones más impactantes en la historia de la familia real española.
Pero no solo el vestido captó todas las miradas. Las joyas también despertaron especial interés: unos pendientes cortos y dos broches-clip con rubíes y diamantes que Letizia colocó en las esquinas del escote cuadrado del vestido. Estos broches no eran solo un accesorio: detrás de ellos se encontraba toda una dinastía y décadas de historia.
Historia de la joya
Los clips de rubí que brillaron aquella noche en Letizia pertenecieron en su día a María de las Mercedes, condesa de Barcelona y abuela del actual rey Felipe VI. En su momento, los recibió como regalo del rey Alfonso XIII cuando contrajo matrimonio con el infante don Juan. Encargados a la casa Chaumet de París, estos broches se convirtieron en símbolo de estilo y estatus, así como en ejemplo del arte joyero de la época art déco.
El diseño de la joya era impresionante: seis grandes rubíes enmarcados por diamantes de diferentes cortes formaban un complejo patrón geométrico con espirales y líneas caladas, característicos de las décadas de 1920 y 1930. Las broches podían llevarse juntas o por separado, lo que las hacía muy versátiles para distintas ocasiones.
Reliquias familiares
María de las Mercedes solía aparecer con estos broches en actos oficiales. La acompañaban en bodas, bautizos y recepciones, convirtiéndose en parte de la historia visual de la monarquía española. Curiosamente, a pesar de la tradición de transmitir las joyas por vía materna, estos clips permanecieron durante mucho tiempo exclusivamente en manos de la condesa de Barcelona. Ni su hija ni su nuera los recibieron para lucirlos en público.
El conjunto incluía también una pulsera de rubíes, que lamentablemente fue robada durante la luna de miel de la pareja en Estados Unidos. Sin embargo, los broches-clip siguieron siendo las joyas favoritas de María y aparecían con frecuencia en las páginas de la prensa y revistas españolas.
El camino hacia Letizia
Tras la muerte de la condesa de Barcelona, la colección de joyas pasó al rey Juan Carlos. Sin embargo, su esposa, la reina Sofía, nunca apareció con estos broches en público. Durante años permanecieron guardados en la caja fuerte real, hasta que en 2004 fueron elegidos por Letizia para su primera gran aparición como futura princesa.
La elección no fue casual: los broches complementaban a la perfección el elegante escote del vestido, sin recargar el conjunto y resaltando el estatus de una joven que estaba a punto de convertirse en parte de la familia real. A pesar de su antigüedad, las joyas lucían frescas y modernas, sorprendiendo al público y convirtiéndose en un verdadero hallazgo.
Desaparición de la escena pública
Desde que Letizia deslumbró al público en Dinamarca, estos broches no han vuelto a aparecer en actos oficiales. Ninguna de las representantes de la familia real los ha lucido ni en recepciones ni en celebraciones. Las razones de esta desaparición siguen siendo un misterio: quizá las joyas esperan una ocasión especial o un nuevo heredero.
En los círculos reales sigue el debate sobre quién heredará esta reliquia. Algunos creen que los broches pueden pasar a una de las hermanas del Rey, Elena o Cristina. Otros están convencidos de que será la reina Letizia quien los vuelva a lucir cuando llegue el momento adecuado.
Por ahora, las joyas permanecen como símbolo de continuidad y misterio, y su historia demuestra cómo las reliquias familiares pueden desaparecer de la vista pública para, algún día, volver a sorprender al público.
RUSSPAIN recuerda que la reina Letizia Ortiz Rocasolano se casó con el rey Felipe VI en 2004 y, desde entonces, ha sorprendido en numerosas ocasiones al público con decisiones de moda audaces. Su estilo es frecuentemente tema de análisis en los medios españoles e internacionales, y la elección de joyas es un asunto aparte para los expertos en joyería real. Las piezas del patrimonio de los Borbones son consideradas tradicionalmente no solo símbolos de poder, sino también parte del legado cultural de España.












