
La vida de Joaquín Sabina siempre ha estado rodeada de misterio, pero uno de los capítulos más enigmáticos de su pasado está ligado a una mujer llamada Sonia. Durante sus años de exilio en Londres, cuando el músico español apenas comenzaba su nueva vida lejos de casa, conoció a Sonia, una mujer que transformó por completo su mundo. Su relación fue como un huracán: pasión, estallidos de emociones, constantes sospechas y gestos inesperados. Sabina, habitualmente reservado y poco dado a confesiones, años después se atrevió a contar lo que vivieron juntos.
Sonia no fue solo una amante; para Sabina, fue una verdadera prueba. Según sus propias palabras, ella era impredecible, intensa como un relámpago y, al mismo tiempo, increíblemente vulnerable. Entre ellos siempre reinaba una tensión constante: Sonia sospechaba de las infidelidades de Sabina, aunque él aseguraba que durante mucho tiempo le fue fiel. Sin embargo, un día, agotado por los interminables reproches, se permitió un breve romance, casi como una respuesta a su desconfianza.
A prueba de pasión
Sonia no se quedó atrás. Un día, Sabina encontró una nota bajo la lámpara de la mesilla, donde ella le confesaba que, durante los dos años de su tormentoso romance, había tenido más de una decena de amantes. Explicó que lo hacía para “cubrirse las espaldas” y no salir perdiendo. Para Sabina fue un golpe contundente, pero no dejó de admirar su sinceridad y libertad interior. De hecho, fue esa misma libertad la que acabó rompiendo su relación.
En su relación también había lugar para lo místico. Sabina recordaba cómo un día Sonia le cortó un mechón de cabello, lo guardó cuidadosamente en un sobre, y tiempo después él encontró ese sobre quemado. Según contó, Sonia practicaba algo parecido a la magia, lo que añadía aún más misterio a su vínculo. Confesó que a veces sentía como si estuviera bajo un hechizo, incapaz de romper ese círculo encantado.
Años en Londres
El periodo que Sabina pasó en Londres fue una etapa de búsqueda personal y de nuevos sentidos. Actuó en pequeños clubes, conoció a gente diversa, pero fue Sonia quien dejó una huella más profunda en su alma. Su relación estaba llena de contradicciones: por un lado, una pasión desbordante, por otro, peleas constantes y desconfianza. Sabina reconocía que nunca había experimentado algo similar ni antes ni después.
Sonia se convirtió para él en el símbolo de aquella época: una etapa en la que era joven, audaz y dispuesto a desafiar al mundo entero. Pero ese tiempo también trajo decepciones: celos, infidelidades, sensación de traición. En algún momento, Sabina comprendió que debía dejar el pasado atrás para poder avanzar.
Una nueva vida
Hoy Joaquín Sabina lleva una vida completamente diferente. Está casado con Jimena Coronado, cría a dos hijas de relaciones anteriores y hace ya mucho tiempo dejó atrás los años turbulentos de su juventud. Tras alejarse de los escenarios, el músico encontró la armonía y la paz con las que antes solo soñaba. Los recuerdos de Sonia permanecen como parte de su historia personal: intensa, pero dolorosa.
Sabina rara vez vuelve a aquellos acontecimientos, prefiriendo hablar del presente y del futuro. Sin embargo, la historia con Sonia sigue despertando el interés de seguidores y periodistas: aquella etapa de su vida fue demasiado inusual y dramática. Quizá fueron precisamente esas pruebas las que hicieron de Sabina la persona que es hoy: alguien capaz de valorar el amor, la libertad y la sinceridad.
Joaquín Sabina es uno de los cantautores, poetas y compositores más reconocidos de España, cuyas canciones se han convertido en símbolo para varias generaciones. Su obra ha sido galardonada en numerosas ocasiones y sus conciertos han llenado recintos no solo en España, sino también en el extranjero. Pese a los momentos difíciles en su vida, Sabina sigue siendo una figura icónica de la música española y continúa inspirando a sus seguidores en todo el mundo.












