
En mayo de 1962, Madrid fue escenario de uno de los acontecimientos más destacados de la monarquía europea: la boda del futuro rey de España, Juan Carlos, y la princesa Sofía de Grecia. La ceremonia reunió a representantes de casi todas las casas reales de Europa, pero una de las invitadas más esperadas nunca llegó. Se trata de Victoria Luisa de Prusia, abuela de la novia y madre de la reina Federica. Su ausencia dio mucho de qué hablar entre los asistentes y generó numerosas preguntas.
Victoria Luisa, la única hija del último káiser alemán, Guillermo II, era conocida por su carácter difícil e independencia. Pese a estar invitada, decidió no acudir a la boda de su nieta. La razón no fue solo por convicciones personales, sino también por antiguos conflictos con su hija, la reina Federica. Su relación siempre estuvo marcada por la tensión y profundas diferencias, sobre todo después de que Federica se casara con el príncipe griego Pablo, algo que su madre nunca aprobó.
Conflictos familiares
Victoria Luisa y Federica solían discutir tanto por temas políticos como personales. La abuela de Sofía no respaldaba las decisiones de su hija, especialmente porque Grecia luchó contra Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y la propia Victoria Luisa estaba muy ligada a la aristocracia alemana. No obstante, ambas mantuvieron el contacto, aunque siempre con cierta tensión. En la familia, Victoria Luisa era apodada «Sissi» por su espíritu libre y su gusto por la aventura.
La boda de Sofía y Juan Carlos debía simbolizar la unidad de las monarquías europeas, pero en realidad solo puso de manifiesto viejos resentimientos. Victoria Luisa, pese a su estatus e influencia, prefirió mantenerse al margen, lo que fue interpretado como un gesto significativo por todos los presentes. Su ausencia no pasó desapercibida y generó numerosos rumores sobre las razones detrás de esa decisión.
Historia familiar
Victoria Luisa contrajo matrimonio con el duque Ernesto Augusto de Hannover en 1913. Su enlace fue el último gran acontecimiento de la aristocracia europea antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. A la ceremonia asistieron monarcas del Reino Unido y de Rusia, lo que resaltaba la importancia de la familia en la historia del continente. Tras la guerra, Victoria Luisa adoptó una postura activamente antibelicista, convirtió su palacio en hospital y escribió unas memorias sobre la vida en la corte.
Federica, su hija, creció en un ambiente de lujo y disciplina. De su madre heredó la determinación y la inclinación a tomar decisiones por sí misma. Tras casarse, Federica se trasladó a Grecia, donde se enfrentó a nuevas tradiciones y a retos políticos. Sus intervenciones en asuntos de Estado fueron tema recurrente de debate social y suscitaron reacciones diversas.
Últimos años
Victoria Luisa vivió una larga vida, permaneciendo fiel a sus principios. Falleció en diciembre de 1980, y su hija Federica murió apenas dos meses después. Ambas fueron enterradas en diferentes países: Victoria Luisa en el mausoleo de Hannover y Federica en el cementerio de Tatoi, junto a su esposo, el rey Pablo.
La historia familiar de la reina Sofía está marcada por el dramatismo y las contradicciones. Su boda con Juan Carlos fue no solo un acontecimiento político relevante, sino también el momento en que las ofensas personales pesaron más que la tradición. La ausencia de su abuela en la ceremonia quedó grabada para siempre en la memoria familiar y se convirtió en símbolo de unas relaciones complejas entre generaciones.
Si no lo sabías, Victoria Luisa de Prusia fue la última princesa nacida en la familia imperial alemana antes de la caída de la monarquía. Su hija, la reina Federica, jugó un papel destacado en la historia de Grecia y fue madre de la reina Sofía, esposa del rey Juan Carlos I. Esta familia dejó una huella importante en la historia europea, y sus dramas personales siguen atrayendo el interés de historiadores y aficionados a la monarquía.












