
Una investigación de alto perfil sobre la catástrofe por inundaciones en Valencia ha vuelto a poner en el foco la actuación de las autoridades durante un momento crítico. La pregunta sobre por qué la alerta masiva Es Alert no se emitió a tiempo se ha convertido en un tema clave para muchos habitantes de la región. De esa decisión dependía la vida de cientos de personas y ahora el tribunal trata de esclarecer quién y por qué demoró la advertencia.
Durante las audiencias se reveló que la exconsejera de Justicia y Política Interior del gobierno de la Generalitat Valenciana, Salomé Pradas, tenía serias dudas sobre la legalidad del envío del mensaje de emergencia. Según Raúl Quílez, director del servicio regional de emergencias, esas vacilaciones surgieron en medio de la incertidumbre causada por las restricciones impuestas durante la pandemia y las decisiones judiciales posteriores. Como resultado, cuando la inundación ya arrasaba y el nivel del agua subía rápidamente, la decisión de enviar la alerta se tomó demasiado tarde.
La jueza prestó especial atención al hecho de que la alerta pudo haberse enviado durante el día y no por la noche, cuando las consecuencias del temporal ya eran irreversibles. En los municipios de Paiporta y Catarroja, el fenómeno se cobró decenas de vidas, y muchos expertos aseguran que una advertencia a tiempo habría evitado tantas víctimas. Recordando la tragedia, Quiles destacó que la discusión sobre el texto y el contenido del mensaje se alargó, y que la propia Pradas salía de la sala para mantener conversaciones telefónicas, alegando consultas con representantes del Ministerio de Medio Ambiente.
Desacuerdos internos
Durante la sesión del tribunal se supo que en el centro de coordinación de emergencias (Cecopi) no existía un criterio unificado sobre cómo actuar. No se produjo un conflicto abierto, pero el debate giraba en torno a si se debía ordenar la evacuación o limitarse a emitir una advertencia. Quiles admitió que desconoce quién tomó la decisión final y cómo se redactó el mensaje. Al final, cuando Es Alert fue enviado, muchos residentes ya se encontraban en la zona de peligro.
La jueza criticó en varias ocasiones el contenido de la notificación, subrayando que no contenía instrucciones claras, como la necesidad de subir a los pisos superiores. Más de la mitad de las víctimas mortales se encontraba en sótanos y plantas bajas, lo que, según la investigación, podría haberse evitado con una información más adecuada.
La responsabilidad de discutir y consensuar el texto de Es Alert recayó en el subdirector de emergencias, Jorge Suárez, y en el jefe del Servicio Provincial de Bomberos, José Miguel Basset. Este último se hizo conocido tras reconocer que su equipo abandonó la zona de peligro antes de tiempo para ir a comer, lo que desató una ola de indignación pública.
Consecuencias de las decisiones
Al rememorar los hechos, Quiles recalcó que la alerta estaba relacionada con la amenaza de rotura de la presa de Forata en Yátova, lo que podría haber provocado la muerte de miles de personas. La situación recordaba la catástrofe del municipio de Tous en 1982, cuando una inundación dejó sin hogar a decenas de miles de familias. Sin embargo, pese a la amenaza evidente, se perdió tiempo crucial.
Las discrepancias internas y la falta de coordinación clara entre los servicios fueron una de las causas de la tragedia. La cuestión sobre quién debía asumir la responsabilidad de informar oportunamente a la población sigue sin respuesta. El tribunal continúa investigando los detalles, mientras la sociedad exige explicaciones.
Al recordar otros casos sonados relacionados con la ineficacia de las autoridades en situaciones de crisis, cabe destacar que este tipo de desacuerdos y demoras no son infrecuentes. Por ejemplo, recientemente el conflicto entre la dirección española e italiana en vísperas de la cumbre de la UE también generó mucha controversia, ya que la exclusión de Madrid de las negociaciones clave puso en entredicho la eficacia de la toma de decisiones en los máximos niveles.
Contexto y analogías
En los últimos años, España ha experimentado en varias ocasiones situaciones en las que la demora o la indecisión de las autoridades han tenido graves consecuencias para la población. Inundaciones, incendios forestales y otros desastres naturales suelen revelar las debilidades en el sistema de alerta y en la coordinación de los servicios de emergencia. Los recuerdos de las tragedias en Murcia y Cataluña demuestran que una información oportuna y directrices claras salvan vidas. El descontento social aumenta al descubrirse que la burocracia o los conflictos internos retrasan la acción inmediata. La cuestión de cómo mejorar la eficacia de la respuesta sigue siendo uno de los temas más urgentes para la sociedad española.











