
En pleno corazón de la provincia de Albacete, entre acantilados y los meandros del río Júcar, se esconde un pueblo que ha aparecido en numerosas portadas de revistas turísticas. Sus casas blancas, como si estuvieran incrustadas en las laderas escarpadas, y las callejuelas de piedra que serpentean entre ellas, crean la sensación de haber entrado en un cuento. Alcalá del Júcar lleva tiempo considerado uno de los rincones más pintorescos de Castilla-La Mancha.
Desde 1982, este pueblo está oficialmente reconocido como conjunto histórico y su aspecto se preserva con esmero. Ocupa un lugar especial en la lista de los pueblos más bonitos de España. Aquí viven poco más de mil personas, pero cada rincón guarda la memoria de su pasado. En la cima de la roca se alza una fortaleza construida en el siglo XI. Tras su restauración, se ha convertido en un auténtico mirador desde donde se disfruta de una impresionante panorámica de los alrededores. A los pies del castillo se encuentra la iglesia de San Andrés, edificada en el siglo XV, y cerca de allí, el antiguo puente que hoy es la seña de identidad del pueblo.
Las calles estrechas y empinadas conducen a patios y plazas ocultos, donde las fachadas de piedra se funden con la naturaleza. Pasear por estos lugares es un auténtico viaje en el tiempo que permite sentir la tranquilidad y olvidar el bullicio de la ciudad. Pero los tesoros de Alcalá del Júcar no solo están en la superficie. Bajo tierra se extienden las famosas cuevas excavadas directamente en la roca. Las más conocidas, «Diabólica» y «Masako», están conectadas por laberintos que llevan a miradores con vistas impresionantes. Estos pasadizos subterráneos recuerdan cómo los habitantes locales aprovecharon durante siglos los recursos naturales para su protección y su vida cotidiana.
En el centro del pueblo se encuentra una zona fluvial de recreo, donde en verano se reúnen tanto lugareños como turistas. Aquí se puede nadar, hacer un picnic o simplemente disfrutar de la frescura junto al agua. Las orillas verdes y las playas equipadas hacen que este lugar sea especialmente popular durante los meses calurosos.
Alcalá del Júcar no solo atrae visitantes, sino que también busca convertirse en hogar para nuevos residentes. Como parte de un programa de repoblación, se ofrecen viviendas y empleos, especialmente en turismo y hostelería. Para quienes trabajan a distancia, hay internet rápido. Alquilar un piso cuesta aproximadamente 500 euros, y comprar una casa puede salir por 50.000. A pesar de su pequeño tamaño, el pueblo cuenta con todo lo necesario: centro médico, escuela, gimnasio, biblioteca e incluso una piscina municipal. Es un lugar para quienes sueñan con una vida tranquila sin renunciar a la comodidad.
La combinación de belleza natural, arquitectura única y un rico pasado convierte a Alcalá del Júcar en uno de los pueblos más atractivos de España.












