
En Castilla y León, se intensifica un nuevo debate en torno a una de las tradiciones más singulares y polémicas de la región: la fiesta Toro Jubilo en Medinaceli. Las autoridades locales, encabezadas por representantes del Partido Popular, han iniciado el proceso para que este espectáculo sea reconocido como patrimonio cultural inmaterial. Todo esto ocurre justo en vísperas de las elecciones regionales, lo que añade aún más tensión a una discusión ya encendida.
La esencia de la tradición es tan simple como impactante: se coloca al toro una estructura metálica con bolas ardientes en los cuernos y luego se suelta al animal en la plaza principal del pueblo. Los habitantes locales lo consideran parte de su historia, mientras que los defensores de los animales lo ven como una costumbre cruel y obsoleta. En los últimos años, la presión de los activistas no ha dejado de crecer, y se han realizado varios intentos de cancelar la fiesta. Sin embargo, las autoridades, apelando al valor histórico y la singularidad del evento, han decidido no solo mantenerlo, sino también oficializar su estatus.
Raíces históricas
Los organizadores y defensores de la festividad afirman que la tradición se remonta al siglo XVI. Ya en documentos de aquella época se mencionaban espectáculos similares, estableciendo como condición indispensable que el toro debía ser indultado tras la representación. Según la leyenda, las reliquias de los santos llegaron a Medinaceli a lomos de un toro con fuego en los cuernos, convirtiendo desde entonces este ritual en parte inseparable de la identidad local. Cada año en febrero, en la víspera del día de San Arcadio, los jóvenes sacan al toro a la plaza, donde lo atan a un poste y encienden bolas de fuego sobre su cabeza.
Los organizadores aseguran que el animal está protegido: sus cuernos se envuelven con tela y el cuerpo se recubre de barro y escudos de madera especiales. Tras correr durante una hora por la arena improvisada, el fuego es apagado y el toro regresa al corral. Las autoridades destacan que, a diferencia de otras fiestas españolas, aquí no se mata al animal, sino que, por el contrario, se garantiza su vida después del espectáculo. Incluso la normativa local exige que el propietario del toro entregue un compromiso por escrito de que no participará en corridas en el futuro.
Debates actuales
A pesar de las declaraciones de los organizadores, las críticas no cesan. Las organizaciones defensoras de los animales califican lo sucedido de «barbarie» y aseguran que el animal sufre un estrés y dolor insoportables. Están convencidos de que las autoridades se apresuran a consolidar el estatus de la festividad precisamente ahora, ante el temor de una posible prohibición en el futuro. Este año, el partido Pacma, que defiende los derechos de los animales, ha sido incluido oficialmente en el proceso de análisis como parte interesada. Sus representantes ya intentaron impugnar la celebración en los tribunales, aunque por el momento sin éxito.
Las autoridades, por su parte, insisten en que el Toro Jubilo es un fenómeno único en Castilla y León. En otras regiones estos festejos son más frecuentes, pero es en Medinaceli donde el toro no muere. Para los habitantes locales no se trata solo de un espectáculo, sino de una parte de la memoria colectiva, una forma de transmitir las tradiciones de generación en generación. Los jóvenes participan activamente en la preparación y celebración del evento, lo cual, según los funcionarios, garantiza su continuidad en el futuro.
Trasfondo político
Toda esta situación se desarrolla en el contexto de las próximas elecciones autonómicas. La decisión de declarar el Toro Jubilo patrimonio cultural se tomó en noviembre, y en diciembre las autoridades notificaron oficialmente a todas las partes interesadas, incluida la oposición y los defensores de los animales. Muchos ven en esta medida un intento de captar el apoyo del electorado más conservador, para quienes las tradiciones son sagradas. Más aún teniendo en cuenta que en los últimos años la presión de la sociedad y de instituciones europeas sobre este tipo de fiestas no ha hecho más que aumentar.
Llama la atención que el departamento de cultura de la región está dirigido por Gonzalo Santonja, reconocido defensor de la tauromaquia y exmiembro del partido Vox. Su postura es clara: las tradiciones deben protegerse a toda costa. Por su parte, los detractores creen que la aceleración del proceso responde únicamente al temor de perder la posibilidad de celebrar la fiesta en el futuro. Están convencidos de que, si ahora no se consolida el estatus del Toro Jubilo, en los próximos años podría prohibirse sin más.
Una línea muy fina
El Toro Jubilo fue declarado oficialmente espectáculo taurino tradicional en 2002. Sin embargo, ahora las autoridades han decidido ir un paso más allá e incluirlo en el registro de patrimonio cultural inmaterial. Según el informe, es la única celebración de este tipo en la región, y su singularidad radica en la combinación de rituales ancestrales con un enfoque contemporáneo en la protección animal. Aun así, para muchos este argumento no es suficiente: el sufrimiento del toro, aunque no sea mortal, sigue siendo evidente.
La cuestión de dónde está el límite entre preservar las tradiciones y el trato humanitario hacia los animales sigue sin resolverse. Mientras algunos ven en el Toro Jubilo un símbolo de la memoria histórica y la cohesión comunitaria, otros consideran que es una costumbre que debería quedar en el pasado. Pero hay algo indiscutible: la polémica en torno al toro de fuego de Medinaceli no se apagará pronto. Y quizás este debate se convierta en uno de los temas centrales de las próximas elecciones en Castilla y León.












