
En mayo del año pasado, el Tribunal Supremo de España puso fin a una larga disputa: los frescos que adornaban las paredes del monasterio de Santa María de Sijena desde el siglo XIII y que fueron trasladados a Barcelona en 1936, deben regresar a casa. Sin embargo, a pesar del fallo definitivo, el proceso de devolución de estas obras únicas se ha estancado. Durante seis meses, las partes no han logrado un acuerdo sobre los detalles y las piezas siguen expuestas en las salas del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).
El litigio entre el Gobierno de Aragón, el municipio de Villanueva de Sijena y las autoridades catalanas se prolongó durante más de diez años. Ahora, con la decisión tomada, el juez de Huesca debe desentrañar los pormenores de la restitución, manejando una montaña de documentos e informes técnicos. Solo el último envío de material por parte del museo ocupó 2,5 gigabytes, y todavía no es todo.
Dificultades técnicas
La principal causa de retraso es la fragilidad de los frescos. El museo catalán sostiene que cualquier movimiento puede causar daños irreversibles. El personal del MNAC ha advertido en varias ocasiones que carecen de la tecnología necesaria para desmontar y transportar las obras de manera segura. Algunas voces expertas comparten estas preocupaciones, señalando más de 700 puntos críticos en la superficie de los murales: grietas, abombamientos y zonas con estructura debilitada.
Las autoridades de Aragón, por el contrario, están convencidas de que se pueden devolver los frescos sin riesgo. Proponen finalizar el proceso en siete meses, mientras que el museo exige al menos un año y medio solo para la preparación. El Ayuntamiento de Sijena aún no ha presentado su propio plan, pero sus representantes llaman a no precipitarse y a reflexionar cuidadosamente sobre cada etapa para no dañar las obras.
Preguntas sin respuesta
La jueza ya ha dado a entender que está decidida a hacer cumplir la decisión. Sin embargo, ninguna de las partes ha propuesto hasta el momento un método concreto de transporte. Incluso el propio proceso de retirar los frescos de los bastidores supone un gran reto: habría que quitar más de 5.000 clavos y las vibraciones podrían agravar los daños existentes.
La superficie de las pinturas murales es de 132 metros cuadrados, divididos en 72 piezas tras la restauración de 1936. Cada fragmento requiere un tratamiento individual y protección adicional. Además, los actuales bastidores no son adecuados para su instalación en la sala histórica del monasterio, lo que exigirá nuevos ajustes.
Informes periciales
El museo y el gobierno de Aragón esperan el informe de los especialistas del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), que ya se ha pronunciado anteriormente en contra del traslado de otras obras de arte reconocidas. Sin embargo, la jueza decidió no solicitar un informe adicional, remitiéndose a la documentación existente.
En diciembre se espera una nueva reunión del patronato del museo, donde la cuestión sobre el destino de los frescos volverá a estar en el centro de la atención. Los representantes del Ministerio de Cultura y del Ayuntamiento de Barcelona mantienen por ahora el silencio, mientras que el personal del museo insiste en la necesidad de una evaluación rigurosa de los riesgos.
El futuro de los frescos
El Gobierno de Aragón sostiene que las condiciones de conservación de las pinturas murales en el monasterio cumplen todos los requisitos: se mantiene la temperatura y la humedad adecuadas. Sin embargo, sigue sin resolverse cuándo y cómo exactamente los frescos regresarán a su lugar de origen. No se descarta que, tras el traslado, se ubiquen temporalmente en una sala de reserva antes de instalarlos en el salón histórico.
Por el momento, ninguna de las partes está dispuesta a dar fechas concretas. Todos esperan nuevos informes de los expertos y la coordinación de los detalles técnicos. Existe una sentencia judicial, pero su ejecución requiere tiempo y cautela.
Cabe recordar que el monasterio de Santa María de Sijena es uno de los principales monumentos de la arquitectura medieval de Aragón. Sus frescos se consideran un ejemplo único del arte románico en España. El Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) alberga la mayor colección de arte catalán y español, y los frescos han estado allí casi 90 años. La cuestión del regreso de las pinturas murales se ha convertido en uno de los conflictos culturales más intensos entre Aragón y Cataluña en las últimas décadas.











