
A los españoles no les sorprende que su experiencia política se convierta en objeto de atención fuera de sus fronteras. Esta vez, la Transición española —el paso a la democracia tras la muerte de Francisco Franco— ha quedado en el centro de un intenso debate sobre el futuro de Venezuela. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, durante unas audiencias en el Senado, citó inesperadamente el camino español como uno de los principales referentes históricos para el país latinoamericano, que atraviesa una profunda crisis política.
Para España, no se trata solo de una cuestión de memoria histórica. La comparación con Venezuela pone de relieve la importancia que aún tiene la experiencia española para aquellos países que buscan salir de la autocracia. En un momento en que Europa y América Latina enfrentan nuevos desafíos, estos paralelismos adquieren un significado especial. No sorprende que la declaración del diplomático estadounidense haya generado una fuerte reacción en los medios españoles e internacionales.
Paralelismos y expectativas
Durante el debate sobre la política de EE. UU. hacia Venezuela se subrayó: el cambio requiere tiempo y las reformas, paciencia. Según el funcionario, la Transición española ejemplifica cómo los cambios graduales y los compromisos entre fuerzas opuestas pueden conducir a una democracia sólida. Recordó que el camino de España no fue ni rápido ni sencillo, sino marcado por intensas negociaciones y etapas de incertidumbre.
Venezuela, según él, se encuentra al borde de procesos similares. Sin embargo, el diplomático subrayó que no se deben esperar resultados inmediatos. Incluso en España, donde tras décadas de dictadura se lograron construir nuevas instituciones, los cambios tomaron años. En el caso de Venezuela, estima que los primeros avances tangibles deberían verse en cuestión de meses; de lo contrario, la situación corre el riesgo de quedar estancada.
Poder y cambios
En su discurso, se prestó especial atención al control sobre las fuerzas de seguridad y las instituciones estatales. Un funcionario estadounidense señaló que estos factores son los que determinan la velocidad y la profundidad de cualquier transformación. En España, el momento clave fue la transferencia del control de las viejas élites a los nuevos órganos democráticos. En Venezuela, según sus palabras, el poder sigue concentrado en manos del régimen, lo que complica considerablemente cualquier intento de reforma.
Al mismo tiempo, el diplomático expresó un cauto optimismo: si en los próximos seis meses surgen señales de cambios reales, se podrá hablar del inicio de una nueva etapa. Vinculó estas expectativas con la presencia de diplomáticos estadounidenses en el lugar, lo que, a su juicio, permitirá evaluar la situación con mayor precisión y ajustar la estrategia.
El papel de la oposición y sucesos inesperados
En el contexto de posibles cambios en Venezuela, también se mencionó a la oposición. La figura de María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, ocupó un lugar destacado en la discusión. El diplomático estadounidense sugirió que ella podría desempeñar un papel relevante en el proceso de transición, aunque no precisó detalles.
Las audiencias en el Senado no estuvieron exentas de incidentes. Durante la intervención del funcionario, uno de los asistentes gritó una consigna contra la injerencia de Estados Unidos en los asuntos de Venezuela y levantó un cartel con el mismo mensaje. El personal de seguridad lo desalojó inmediatamente del recinto, mientras que el presidente del comité de asuntos exteriores advirtió sobre posibles medidas disciplinarias. Este episodio solo aumentó la tensión y evidenció la sensibilidad que genera el debate sobre la intromisión en los asuntos internos de otros países.
La experiencia española bajo la lupa
En España, las comparaciones con Venezuela generan opiniones divididas. Para algunos, es motivo de orgullo: la Transición española fue realmente un ejemplo de transición pacífica hacia la democracia. Para otros, es un recordatorio de las dificultades y los compromisos inherentes a cualquier proceso de reforma. En las redes sociales y entre expertos, los debates siguen activos: ¿puede aplicarse el modelo español a la realidad latinoamericana, o las diferencias son demasiado marcadas?
Mientras tanto, el interés por la experiencia española no disminuye. En un contexto en el que el mundo vuelve a debatir las formas de superar crisis políticas, España se sitúa en el centro del diálogo global. Además, como lo demuestra el reciente escándalo en el Senado de EE.UU., este diálogo está lejos de terminar.











