
Las recientemente publicadas memorias del rey emérito Juan Carlos siguen provocando una fuerte polémica en España. El libro, que salió primero en Francia, está lleno de críticas contundentes hacia varios miembros de la familia real. Mientras que a su nuera, la reina Letizia, el monarca le reprocha la desunión familiar, sus antiguos yernos reciben aún más reproches. La crítica más dura está dirigida a Jaime de Marichalar, exmarido de la infanta Elena.
En sus memorias, Juan Carlos responsabiliza directamente a Marichalar por el comportamiento escandaloso y la ‘vida disoluta’ de su hijo en común, Froilán. Según el rey emérito, fue precisamente ‘el divorcio de sus padres y cierta ausencia de autoridad paterna’ lo que llevó a su nieto mayor a una serie de incidentes que, finalmente, provocaron su traslado forzado a Abu Dabi. Esta sola frase deja clara la bajísima valoración que el monarca tiene de las capacidades educativas de su exyerno.
Tras la publicación del libro y la difusión de estos pasajes poco halagadores, la opinión pública esperaba reacciones. Sin embargo, el silencio de Froilán, que no salió a defender públicamente a su padre, fue interpretado erróneamente como un signo de distanciamiento entre ambos. Fuentes cercanas a la familia desmienten rotundamente tales suposiciones. Aseguran que la relación entre padre e hijo es más fuerte que nunca. “No solo hubo autoridad y control paternos, sino también un inmenso amor filial. Hay testigos de esa cercanía”, citan medios españoles a personas del entorno, subrayando el verdadero carácter de su relación.
Jaime de Marichalar, actualmente asesor en las casas de moda Loewe y Fendi, está centrado en la carrera de su hija Victoria Federica, a quien introduce en el mundo de las marcas de lujo. Se les ve a menudo juntos, lo que contrasta con la situación de Froilán, que vive a miles de kilómetros bajo la supervisión de su abuelo. Sin embargo, esto no implica un distanciamiento con su hijo. Su historia familiar ha sido complicada: la separación oficial de la infanta Elena y Jaime en 2007, y antes de eso, el ictus que él sufrió en 2001. Los interminables escándalos protagonizados por Froilán, desde peleas en discotecas hasta altercados con arma blanca, no hacían más que deteriorar su ya dañada reputación y sus problemas académicos.
A pesar de todas las dificultades, Jaime de Marichalar y toda su familia, convencidos monárquicos, nunca dejaron de apoyar a Froilán y siempre intentaron encaminarlo por el buen camino. Aunque las fotos juntos de padre e hijo son ya una rareza, en sus escasas declaraciones el exduque de Lugo ha defendido siempre a su heredero. Así, hace algunos años afirmaba con orgullo que Froilán “está centrado en sus estudios y todo le va bien”, reconociendo además que su hijo “es más inquieto y travieso” que su hermana y que “gracias a Dios es así”.
El propio Jaime de Marichalar, fiel a su costumbre, guarda silencio ante los duros ataques de su antiguo suegro. Prefiere evitar la polémica pública, mientras la infanta Elena continúa mostrando una lealtad inquebrantable a su padre. Todo indica que no hará comentarios sobre las polémicas memorias.
Sin embargo, a diferencia de su padre, Froilán se mostró más comunicativo. Al principio, tras ser abordado por periodistas en el aeropuerto después de visitar a su abuelo en Sanxenxo, calificó los elogios del monarca hacia él como “agradables” y añadió que se “ayudan mutuamente, como cualquier familia”. No obstante, más tarde, en un círculo más íntimo durante una comida familiar en el palacio madrileño de El Pardo, sus palabras fueron mucho más sinceras. El joven confesó que “está cansado de vivir en Abu Dabi”, sintiéndose atrapado en un pequeño país del Golfo Pérsico, donde “no tiene salida”. La añoranza por su familia y amigos se agrava por un trabajo que encuentra “increíblemente aburrido y burocrático”.
Cabe recordar que Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón, ampliamente conocido como Froilán, es el hijo mayor de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Ocupa el cuarto lugar en la línea de sucesión al trono español, después de su madre y sus primas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Desde pequeño, su nombre ha aparecido frecuentemente en la prensa por su carácter rebelde y diversos incidentes. Precisamente, esta cadena de escándalos fue la razón principal de su traslado a Emiratos Árabes Unidos bajo la tutela del rey emérito Juan Carlos I.












