
La tarde del domingo en el centro de Madrid se convirtió en el escenario de una protesta masiva que alteró por completo el desarrollo de la fase final de la prestigiosa carrera ciclista. En lugar de la esperada ceremonia de premiación y la llegada en la plaza de Cibeles, espectadores y deportistas fueron testigos de cómo miles de personas bloquearon el recorrido, exigiendo la ruptura de relaciones con Israel.
Desde primera hora, el ambiente entre Atocha y Cibeles era tenso. Grupos de activistas contrarios a la política de Israel empezaron a reunirse mucho antes del inicio de la carrera. Intentaron acercarse a la línea de meta, pero fueron contenidos por la policía. Tras esto, los manifestantes se desplazaron al Paseo del Prado, donde continuaron intentando superar las vallas, a pesar de la presencia de las fuerzas de seguridad.
Al caer la tarde, quedó claro que la carrera no podría concluir según lo previsto. Los organizadores anunciaron la cancelación total de la etapa cuando los manifestantes lograron bloquear definitivamente el tramo entre el Museo del Prado y el Palacio de Cibeles. Las vallas, que debían proteger a los deportistas, fueron utilizadas para levantar barricadas e impedir el paso de los vehículos policiales. En respuesta, la policía empleó gas lacrimógeno, granadas aturdidoras y porras. Los manifestantes respondieron lanzando botellas, palos y piedras. Como resultado de los enfrentamientos, más de veinte agentes resultaron heridos, así como varios participantes en la protesta.
En medio de los acontecimientos, el museo Thyssen-Bornemisza se vio obligado a cerrar sus puertas, dejando a los visitantes dentro, quienes observaban la situación a través de las rejas. Los activistas que organizaron la protesta declararon su victoria, considerando la cancelación de la carrera como prueba de que la presión sobre las autoridades puede llevar a romper lazos con Israel. También expresaron la esperanza de que ninguno de los participantes sea multado ni sancionado.
Entre los manifestantes había también residentes de Madrid que acudieron para mostrar su rechazo a la participación del equipo israelí en la carrera. Según ellos, el evento deportivo se utilizó como propaganda política y su respuesta fue una reacción lógica a tal provocación. Las autoridades informaron de dos personas detenidas y más de cien mil manifestantes en las calles. Las fuerzas de seguridad intentaron impedir la exhibición de símbolos palestinos, lo que generó aún más descontento entre los presentes.
Como resultado, en vez de una fiesta deportiva, el centro de Madrid se convirtió en el epicentro de una confrontación política, y la final de La Vuelta será recordada no por el triunfo de los deportistas, sino por las protestas masivas y los duros enfrentamientos.












