
En Madrid desaparece otro símbolo de una época pasada: el icónico club Stella, que alguna vez representó la libertad y el lujo, se convertirá ahora en una escuela religiosa. Esta decisión ya ha generado intensos debates entre los habitantes de la capital, ya que no se trata solo de un cambio de letrero, sino de una transformación completa del carácter de un lugar que durante décadas definió el barrio y su reputación.
El complejo de la calle Arturo Soria fue durante años sinónimo de ocio exclusivo. Allí, a mediados del siglo pasado, se reunían actores, deportistas y miembros de la alta sociedad. Stella se hizo famoso no solo por su arquitectura, sino también porque permitía lo que en otros sitios seguía prohibido. Aquí aparecieron los primeros bikinis en Madrid y el ambiente del club recordaba a los mejores resorts europeos.
Un reto arquitectónico
El edificio Stella supuso un auténtico desafío para el Madrid de la posguerra. Su diseño, inspirado en los clubes marítimos y el racionalismo de los años 30, contrastaba fuertemente con la arquitectura típica de la época. Fachadas blancas, líneas onduladas, amplias terrazas: todo evocaba la imagen de un barco amarrado en medio de la vegetación. Durante las décadas de 1950 y 1960 el club se fue ampliando, sumando nuevas zonas de descanso, canchas deportivas, restaurante e incluso su propia peluquería.
En aquellos tiempos, Stella no era solo un lugar para la élite. Los jueves, permitían la entrada al personal de servicio, una práctica poco común en esa época. En esos días, la piscina y los jardines se llenaban de bullicio y risas, y las estrictas normas se sustituían por una auténtica celebración. Esta combinación de lujo y apertura hizo del club un fenómeno único en la capital.
Escándalos y cambios
Entre los invitados de Stella no solo figuraban celebridades españolas, sino también estrellas internacionales. Aquí disfrutaban actrices de Hollywood, músicos y representantes de la aristocracia. El club se convirtió en símbolo de apertura y de una sutil rebeldía frente a las normas establecidas. Durante algunos años, incluso se practicó nudismo discreto, algo inaudito en la España de entonces. El ambiente de libertad y cosmopolitismo atraía a todo tipo de personas, y Stella aparecía en canciones y recuerdos de la época dorada de la vida nocturna madrileña.
Sin embargo, con los nuevos tiempos, la exclusividad del club empezó a perder atractivo. La aparición de piscinas municipales y urbanizaciones privadas hizo que las vacaciones de verano fueran más accesibles para todos. Poco a poco, Stella perdió su estatus de club privado y la construcción de la autopista M-30 cambió por completo su entorno. A principios del siglo XXI, el edificio quedó abandonado y su antiguo esplendor se convirtió en un recuerdo para los vecinos de la zona.
Nueva vida bajo estricta supervisión
Hoy, Stella se prepara para una transformación radical. Recientemente, una congregación católica femenina adquirió el recinto con la intención de abrir allí una escuela con un estricto código de vestimenta y un enfoque en la educación de élite. El proyecto contempla preservar la fachada histórica y parte de los jardines, pero el interior será completamente rediseñado para adaptarse a las necesidades del centro educativo. Esta decisión ya ha generado una ola de debates: algunos creen que así se salvará un monumento arquitectónico único, mientras que otros sostienen que desaparece una parte esencial de la memoria cultural de la ciudad.
La extensión del complejo permite albergar no solo aulas, sino también modernas instalaciones deportivas. Representantes de la congregación subrayan que se han respetado todos los requisitos de protección patrimonial; sin embargo, muchos temen que el espíritu de Stella se pierda para siempre. Para Madrid, no es la primera vez que un lugar emblemático cambia de función de manera tan drástica, pero con este club existen demasiadas historias personales y colectivas arraigadas.
En los últimos años, en España se han multiplicado los casos donde edificios históricos encuentran una segunda vida con usos completamente diferentes. Así, antiguos cines se convierten en supermercados y viejas fábricas renacen como espacios artísticos o complejos residenciales. Este tipo de transformaciones suele provocar debates entre quienes defienden la autenticidad y aquellos que ven una oportunidad para revitalizar el entorno urbano. En Madrid y otras grandes ciudades, estos proyectos reabren el diálogo sobre cómo el pasado influye en el presente y el futuro del rostro de la capital.












