
Febrero en Madrid se perfila como uno de los meses más intensos para las autoridades regionales y centrales. En medio del creciente descontento por la calidad de los servicios médicos y una serie de huelgas, los socialistas y los sindicatos han convocado una gran manifestación en pleno centro de la capital. Este evento podría cambiar el equilibrio de fuerzas en la lucha por el futuro del sistema de salud.
Protestas y presión
El ministro y candidato socialista en Madrid, Óscar López, ha impulsado la celebración de una gran movilización el 8 de febrero. El objetivo principal es protestar contra la política sanitaria de la presidenta regional Isabel Díaz Ayuso. Los organizadores aspiran a replicar el impacto de las “mareas blancas”, protestas masivas que ya han paralizado la ciudad en otras ocasiones y han atraído la atención de todo el país.
A la convocatoria se han sumado los principales sindicatos, como CCOO y UGT, así como asociaciones de defensa de los pacientes. Acusan a las autoridades regionales de permitir que las listas de espera sigan creciendo y de mantener una financiación baja para la atención primaria. Lo que más indigna es el incremento de los derivados a clínicas privadas, una práctica que, según los manifestantes, pone en riesgo los cimientos de la sanidad pública.
Un clima de tensión
La situación se complica por una serie de huelgas que coinciden en el tiempo con una manifestación prevista. En febrero se esperan protestas de los trabajadores sanitarios contra el nuevo estatuto laboral, así como una huelga del personal de trenes de cercanías. Todo esto genera presión adicional sobre el gobierno de Pedro Sánchez, que tendrá que responder ante el Parlamento por los recientes incidentes en la red ferroviaria y la situación general del país.
Los socialistas, por su parte, buscan desviar el foco del descontento social de las autoridades centrales hacia las administraciones regionales encabezadas por representantes del Partido Popular. En Madrid, esto se traduce en intentos de presentar a Ayuso como principal objeto de críticas, acusándola de retrasar reformas y de apoyar la privatización de la sanidad.
Argumentos de las partes
En una carta a los militantes del partido, López hizo un llamamiento a participar de inmediato en la protesta, calificándola de obligación política para quienes se oponen a las «tres décadas de dominio de las reformas neoliberales». Según él, en los últimos años el número de habitantes de la región en lista de espera para recibir atención médica ha pasado de 600.000 a más de un millón, y los plazos para diagnósticos y atención especializada se han duplicado.
Se presta especial atención a la financiación: solo se destina el 11% del presupuesto a la atención primaria, y el tiempo de espera para una cita médica ha aumentado de tres días a tres semanas. Además, se destaca una masiva salida de profesionales sanitarios, lo que ya ha provocado una escasez crítica de personal.
Cuestiones financieras
López también señala que Madrid sigue siendo una de las regiones con menor gasto sanitario per cápita, apenas 1.530 euros al año. Según sus datos, en 2025 las derivaciones a clínicas privadas superaron las 247.000, lo que, en opinión de los socialistas, implica un pago doble por los mismos servicios.
Especialmente criticado es el aumento de la financiación a operadores privados como Quirón y Ribera Salud. En 2024, según López, el gasto en los cuatro hospitales públicos gestionados por Quirón pasó de 715 millones a 1.600 millones de euros. Esto se considera un uso ineficaz de los fondos públicos y un intento de convertir la sanidad en un negocio.
Consecuencias para el gobierno
La estrategia de los socialistas busca volver a convertir a Ayuso en el símbolo de la protesta ciudadana, como ocurrió antes de las anteriores elecciones regionales. Sin embargo, la actual ola de descontento coincide con un periodo en el que el gobierno central también enfrenta grandes desafíos, desde huelgas hasta la necesidad de explicar en el Parlamento las causas de los accidentes de transporte.
Febrero puede convertirse para Madrid y para todo el país en el mes en que la tensión social alcance su punto máximo. Tanto las autoridades regionales como el gobierno central se ven obligados a buscar nuevas soluciones para evitar la escalada del conflicto. El futuro del sistema sanitario vuelve a estar en el centro del debate público y el desenlace del enfrentamiento aún es incierto.












