
El aspartamo es uno de los edulcorantes artificiales más comunes, presente en refrescos, chicles e incluso en algunos medicamentos. Suele ser elegido por quienes buscan reducir el consumo de azúcar sin renunciar al sabor dulce. Sin embargo, nuevos hallazgos científicos invitan a reflexionar: ¿es realmente tan seguro este sustituto del azúcar como se cree?
Un grupo de investigadores en España llevó a cabo un amplio experimento, añadiendo durante un año pequeñas dosis de aspartamo a la dieta de ratones de laboratorio. Es importante destacar que la cantidad utilizada era mucho menor que el límite diario oficialmente permitido para humanos: apenas una sexta parte del máximo fijado por la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization).
Los resultados fueron ambiguos. Por un lado, los ratones que recibieron aspartamo perdieron peso y redujeron su porcentaje de masa grasa. Por otro, comenzaron a mostrar signos de un deterioro en la función cardíaca y cerebral, lo que generó graves preocupaciones entre los científicos sobre el efecto a largo plazo incluso de pequeñas dosis de este edulcorante.
Impacto en el corazón
Durante las observaciones, los especialistas detectaron una reducción en la eficiencia del músculo cardíaco en animales que consumieron aspartamo. Los corazones de estos ratones presentaron un menor desempeño en el bombeo de sangre y mostraron pequeños pero perceptibles cambios en la estructura de los tejidos. Estos signos pueden indicar una carga adicional sobre el órgano y un potencial aumento del riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Los investigadores subrayan que incluso un consumo ocasional y moderado de aspartamo puede provocar cambios similares. Esto pone en duda las recomendaciones actuales sobre los niveles seguros de consumo de edulcorantes artificiales.
Cambios en la función cerebral
Resultados igualmente preocupantes se observaron al analizar el estado del cerebro. Al inicio del experimento, los ratones experimentaron un fuerte aumento en el suministro de glucosa al cerebro, pero al final del año este indicador disminuyó considerablemente. La glucosa es la principal fuente de energía para las células nerviosas y su déficit puede afectar negativamente las funciones cognitivas.
De hecho, los animales que recibieron aspartamo de manera regular tuvieron peores resultados en pruebas de memoria y aprendizaje. Se orientaban más lentamente en los laberintos y mostraron signos de disminución de la actividad mental. Los científicos señalan que estos efectos fueron menos pronunciados que en estudios anteriores con dosis más altas, pero incluso estas modificaciones “suaves” generan interrogantes sobre la seguridad del producto.
Posibles consecuencias
Los autores del estudio señalan que su experimento se realizó únicamente en ratones machos y que el efecto del aspartamo puede depender de la edad y otros factores. Sin embargo, los datos obtenidos se suman al creciente conjunto de evidencias científicas que indican que los edulcorantes artificiales no siempre son una alternativa inocua al azúcar.
Anteriormente ya se habían publicado trabajos que relacionan el consumo de aspartamo con alteraciones en la función cerebral, riesgo de demencia, así como con problemas en el hígado y el sistema cardiovascular. Aunque aún no se ha establecido una relación causal directa, los especialistas recomiendan precaución, especialmente en niños y adolescentes, quienes podrían ser más susceptibles a los efectos de estas sustancias.
Seguridad en entredicho
Una conclusión importante de los investigadores es que incluso dosis de aspartamo dentro de los límites legales pueden afectar órganos vitales. Esto podría llevar a una revisión de los estándares vigentes y de las recomendaciones para su uso en la industria alimentaria.
Aún no está claro en qué medida los resultados obtenidos en ratones pueden aplicarse a los seres humanos. Sin embargo, los científicos subrayan que, dada la creciente popularidad de los edulcorantes artificiales, es fundamental continuar investigando sus efectos a largo plazo sobre la salud.
Si no lo sabía, el aspartamo (aspartame) fue sintetizado por primera vez en 1965 y desde entonces se utiliza ampliamente en la industria alimentaria a nivel mundial. Su dulzura es aproximadamente 200 veces mayor que la de la sacarosa, lo que permite emplear cantidades mínimas para lograr el sabor deseado. A pesar de numerosos estudios, la controversia sobre la seguridad del aspartamo lleva varias décadas. En los últimos años, la atención hacia esta sustancia ha aumentado tras publicaciones sobre posibles riesgos para la salud, lo que ha llevado a revisar diversos estándares nacionales e internacionales.











