
El fallecimiento de Robert Redford, una de las figuras más emblemáticas del cine estadounidense, dejó no solo un rico legado creativo, sino también un impresionante imperio financiero valorado en aproximadamente 200 millones de dólares. Ahora la gran incógnita, que inquieta a muchos, es cómo se repartirá esta colosal fortuna, que incluye capital y numerosas propiedades, entre sus herederos. Las principales candidatas son sus hijas del primer matrimonio, Shauna y Amy, así como su viuda Sibylle Szaggars.
La riqueza de Redford creció rápidamente. Si por su papel debut en el drama bélico “War Hunt” en 1962 recibió apenas 500 dólares, pocos años después la situación dio un giro radical. Decisiva fue su colaboración con Paul Newman. Por el legendario wéstern “Butch Cassidy and the Sundance Kid”, ambos actores ganaron 750 mil dólares cada uno, una suma enorme para la época y equivalente actualmente a cerca de siete millones. Ese ingreso se convirtió en la base de su futura imperio empresarial. Luego, sus cachés solo fueron en aumento: medio millón por “The Sting”, dos millones por “Un puente demasiado lejos”, y un récord de 11 millones por “La última fortaleza” en 2001, lo que hoy equivaldría a unos 20 millones.
Sin embargo, Redford no solo fue un actor muy bien pagado, sino también un empresario visionario. El dinero que ganó rodando junto a Newman lo invirtió en la compra de más de 1.200 hectáreas en Utah, en la zona de una estación de esquí cerca del monte Timpanogos. A esta área la rebautizó como “Sundance”. Al principio, era un refugio modesto donde vivía con su primera esposa Lola Van Wagenen, pero con el tiempo se transformó en un proyecto de gran envergadura. En 1981, demostrando no solo su olfato empresarial sino también su compromiso con el arte, Redford fundó el Instituto Sundance, una organización sin ánimo de lucro dedicada a apoyar a jóvenes talentos en el cine. El proyecto evolucionó en el festival de cine homónimo, que se convirtió en el principal escenario mundial para el cine independiente y generó toda una red de marcas que incluyen salas de cine, un canal de televisión y una productora.
Su actividad empresarial no se limitó a «Sundance». Redford participó activamente en operaciones inmobiliarias en todo el país. Su portafolio incluía propiedades en Santa Fe, Nuevo México y California. Por ejemplo, en 2001 vendió una casa en Malibú por seis millones de euros, y una parcela adyacente por tres millones de dólares. En Nueva York, fue propietario de un lujoso dúplex en la Quinta Avenida, que compró en 1997 por 3,7 millones y vendió algunos años después por 10 millones. Incluso en los últimos años continuó concretando negocios exitosos, como la vivienda en Tiburón, California, adquirida en 2020 por 3,1 millones y vendida en 2024 por 4,6 millones. Todo ello demuestra que Redford no solo fue un genio en la pantalla, sino también un inversor talentoso que supo multiplicar su fortuna en múltiples ocasiones.











