
En el mundo de la alta sociedad española, donde es habitual ocultar desacuerdos tras una fachada de modales impecables, los desencuentros públicos son poco frecuentes. Sin embargo, incluso las alianzas sociales más sólidas pueden resquebrajarse, y entonces el silencio frío dice más que cualquier palabra. Una historia así es la que presenciamos actualmente en el triángulo formado por Isabel Preysler, su hija Tamara Falcó y el escritor Boris Izaguirre. En este drama, está claro que alguien ha quedado fuera.
El punto de no retorno llegó en octubre de 2022. La Marquesa de Griñón, al participar en un congreso católico en México, pronunció un discurso que muchos interpretaron como una crítica hacia la diversidad sexual. Sus palabras provocaron una fuerte reacción. Boris Izaguirre, amigo de la familia desde hace años, no quiso guardar silencio y en su columna para uno de los principales periódicos del país señaló el trasfondo homófobo del evento. La respuesta fue inmediata: Isabel y Tamara dejaron de relacionarse con él por completo. El conflicto se tornó tan trascendente que Falcó tuvo que dar explicaciones públicas en un popular programa de televisión y pedir disculpas a quienes pudieran haberse sentido ofendidos por sus declaraciones.
Desde entonces, ha sido precisamente Boris Izaguirre quien ha comentado la situación de manera más abierta. Recordó cómo en el lejano año 2000 conoció a Isabel Preysler en su mansión del exclusivo barrio de La Moraleja, y cómo la joven Tamara, que estaba a punto de cumplir 18 años, veía en él a un guía hacia el mundo al que tanto aspiraba. En los últimos meses, el escritor confirmó que el hielo en su relación con Isabel comenzaba a romperse. Volvieron a intercambiar mensajes y llamadas telefónicas. Es más, Izaguirre incluso visitó el nuevo restaurante madrileño del yerno de Preysler, Íñigo Onieva, donde fue recibido cordialmente por el propio propietario, mientras Isabel le daba consejos telefónicos sobre qué platos debía pedir.
Sin embargo, este deshielo no afectó su relación con Tamara. A pesar del tono conciliador en las declaraciones de Boris hacia la marquesa, queda la impresión de que en esta familia saben perdonar, pero no olvidar. La reanudación de ciertos contactos no implica el regreso a la calidez de antaño. El punto final, que confirmó la profunda ruptura, fue la reciente celebración del 60 cumpleaños de Izaguirre. Toda la alta sociedad acudió a la fiesta en su apartamento en el prestigioso barrio de Salamanca, pero Tamara Falcó no estaba entre los asistentes. Cuando los periodistas preguntaron directamente al homenajeado si ella aparecería, él simplemente se encogió de hombros, dando a entender que no controla la lista de invitados y que no sabe si ella va a venir. Ese momento fue la prueba evidente de que el abismo entre los que fueran grandes amigos sigue sin poder salvarse.












