
Detrás del brillante escaparate del mundo televisivo se esconde una realidad marcada por la estricta disciplina y rutinas inusuales. Para muchas de las caras populares de la televisión española, la jornada laboral no empieza con el encendido de los focos del plató, sino en la quietud previa al amanecer, cuando la mayor parte del país aún duerme. Sus rituales matutinos son la clave para un directo exitoso y para sobrevivir en un entorno de alta velocidad.
Por ejemplo, para Alba Lago, presentadora de «Noticias Cuatro», la mañana comienza a las seis y media. Desde ese momento, se sumerge en un flujo de noticias en constante cambio, coordinando un informativo que puede transformarse en cualquier instante. Isabel Jiménez, en cambio, apuesta por la música como su principal fuente de energía. Desde que se despierta hasta salir de casa, la acompaña una playlist cuidadosamente seleccionada que le ayuda a preparar cuerpo y mente para un día productivo.
Sin embargo, hay quienes tienen horarios completamente distintos. Brissio Segovia llega al trabajo a las dos de la madrugada. Este ritmo le obliga a acostarse a las seis de la tarde para asegurarse siete horas de descanso. Su ritual antes del turno nocturno incluye pasear a los perros, entrenar en el gimnasio y una cena abundante que le da fuerzas para toda la noche laboral.
Sin embargo, no todos los presentadores apuestan por la intensidad desde los primeros minutos del día. Laila Jiménez, por el contrario, valora la tranquilidad matutina. Su comienzo ideal incluye un desayuno pausado con una taza de café, kiwi y la prensa del día. Un método similar emplea Nuria Seró, responsable de la previsión meteorológica. Tras el directo, encuentra unos minutos para una breve meditación que le permite «reiniciar» y liberar tensiones.
Patricia Pardo combina magistralmente el frenético ritmo laboral con la maternidad. Su rutina diaria es un ejemplo de equilibrio virtuoso entre familia y carrera. El secreto de su energía reside en un desayuno completo que le proporciona fuerzas para todo el día y facilita cambiar de las labores domésticas a las exigencias del directo con facilidad. Estas historias detrás de cámaras demuestran que trabajar en televisión no solo es una imagen brillante en pantalla, sino también fruto de una gran dedicación y hábitos personales únicos que convierten lo imposible en parte de la rutina diaria.












