
La presencia de Irene Urdangarin en la costa gallega fue toda una sorpresa para los seguidores de la familia real. La joven aristócrata, que rara vez asiste a estos eventos acompañada de su tía, la infanta Elena, llegó a Sanxenxo para apoyar a su abuelo, el rey emérito Juan Carlos. Él participaba en la décima edición de la regata que lleva su nombre, «Rey Juan Carlos I El Corte Inglés Master». Esta prestigiosa competición reunió a 180 tripulaciones de 11 países, convirtiendo este tranquilo pueblo en el epicentro de la vela.
En medio de este reencuentro familiar, la ausencia de la madre de Irene, la infanta Cristina, resultó especialmente llamativa. Mientras su hija disfrutaba de la brisa marina en compañía de sus familiares, doña Cristina se encontraba a miles de kilómetros de España. Se la vio en el aeropuerto de Bogotá, capital de Colombia. Este hecho desató de inmediato una ola de rumores y especulaciones, ya que la hermana del rey Felipe VI no iba sola. La acompañaba un hombre desconocido para la opinión pública, lo que despertó el interés de la prensa y la sociedad.
De inmediato surgieron diversas teorías sobre el motivo de su visita a América Latina. La explicación más plausible está relacionada con su actividad profesional. La infanta lleva años colaborando con la Fundación Aga Khan y el viaje podría haber sido estrictamente laboral. En ese caso, su acompañante podría tratarse de un colega o un miembro del equipo de seguridad asignado para garantizar su protección durante la misión. Sin embargo, esto no frenó las especulaciones sobre posibles cambios en su vida personal, que desde su divorcio de Iñaki Urdangarin está bajo constante atención.
Mientras tanto, su hija Irene parecía estar disfrutando del momento. Tras la reciente ruptura con Juan Urquijo, parece haber encontrado consuelo en el entorno familiar. Durante el verano fue vista con frecuencia en los partidos de su hermano Pablo, donde asistía junto a su madre. El viaje a Sanxenxo fue una continuación natural de este verano familiar. Al mismo tiempo, su abuelo, Juan Carlos, y su tía, la infanta Elena, no solo participaron en la regata, sino que también se preparaban para el próximo evento importante. Pronto viajarán a Nueva York para el Campeonato Mundial de su clase de yates, demostrando así su pasión inalterable por la vela.












