
Un año después de la devastadora inundación que se cobró la vida de 237 personas, Valencia celebró un acto oficial de homenaje póstumo. La ceremonia, cuidadosamente diseñada para mantener la solemnidad, no pudo ocultar el profundo dolor que aún embarga a la región. En medio de este luto y de una ira que no cesa, la pareja real, Felipe y Letizia, volvió a convertirse en símbolo de consuelo y unidad, tal como sucedió en los primeros días tras la tragedia.
Su llegada al Museo de las Ciencias, donde se reunieron unos 800 familiares de las víctimas, transformó de inmediato el clima de tensión. Las protestas dirigidas al presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Masona, a quien parte de las familias responsabilizan por lo ocurrido, se apagaron con la presencia de los reyes. Su empatía y apoyo a lo largo de este año tan difícil convirtieron su presencia en bálsamo para unas almas marcadas por el dolor. Muchos asistentes sostenían en sus manos fotos de sus hijos, padres o cónyuges, cuyas vidas fueron truncadas por la tragedia.
El rostro de la reina Letizia reflejaba ese día el dolor compartido. Entró en la sala con gesto grave tras saludar a los primeros grupos de familias y apenas pudo contener la emoción. Mientras sonaba el himno nacional, las lágrimas asomaron en sus ojos, mostrando la profunda conmoción no solo por la tragedia en sí, sino por el ambiente cargado de sufrimiento y tensión. Escuchó con atención el discurso de Andrea Ferrari Canut, una joven que habló en nombre de todas las víctimas, y, en el receso, encontró palabras de apoyo para ella.
Tras finalizar la parte oficial, que incluyó la colocación de flores, el rey y la reina no se apresuraron a marcharse. Se quedaron para volver a escuchar a quienes necesitaban de su apoyo. Decenas de mujeres se acercaron a Letizia, buscando en sus abrazos comprensión y consuelo. La reina, escuchando una y otra vez historias desgarradoras, abrazaba y reconfortaba a quienes lloraban, compartiendo su dolor.
El rey Felipe se mostró más contenido, pero su rostro también reflejaba una profunda empatía. Fue un apoyo no solo para los ciudadanos, sino también para su esposa. Al notar lo conmovida que estaba por los relatos de los familiares antes de la ceremonia, la sostuvo afectuosamente por la cintura. Felipe fue el único representante institucional que se dirigió a los presentes con un discurso, subrayando el respaldo de la Corona y la importancia de seguir investigando las causas de la tragedia. Al concluir, tuvo un gesto conmovedor con una joven, secando con el dorso de la mano las lágrimas de su mejilla.
Una de las mujeres, Toni García, que perdió a su esposo e hija en el aparcamiento inundado, compartió detalles de su conversación con la reina. Dijo a Letizia que ella es una madre afortunada, pues puede abrazar y besar a sus hijas cada día, un lujo del que Toni está privada para siempre. Según contó, recibió de la reina mucho calor y apoyo sincero, y Letizia se interesó de verdad por saber cómo afronta su pérdida.












