
En el ámbito de la alta sociedad española y la familia real, se observa una tendencia interesante relacionada con la elección de vestuario. El foco de atención ha estado en Tamara Falcó, marquesa de Griñón (marquesa de Griñón), y su madre Isabel Preysler. Una reciente sesión fotográfica de sus vacaciones en Maldivas mostró no solo la armonía familiar, sino también una decisión estilística bien pensada: madre e hija posaron con los mismos vestidos tipo bata de estampado floral de la marca catalana Babbaki. Esta elección llama la atención porque la misma firma fue la preferida anteriormente por la infanta Sofía durante las vacaciones de verano de la familia real en Mallorca.
Esta coincidencia difícilmente puede considerarse fortuita. Establece un paralelismo directo con otro destacado acontecimiento en el mundo de la moda de la monarquía española: la decisión de la princesa Leonor de aparecer en la recepción en el Palacio de Marivent con un vestido de Desigual que su madre, la reina Letizia, había llevado un año antes. En ambos casos, tanto en la familia real como en la familia Preysler-Falcó, el uso compartido o repetido del vestuario se percibe como símbolo de continuidad, de relaciones cercanas y de apoyo mutuo entre madre e hija.
Para Tamara Falcó e Isabel Preysler, quienes durante décadas han mantenido el estatus de “reinas” de la crónica social, este gesto tiene un significado especial. No se trata solo de una foto acertada para las redes sociales, sino de un mensaje cuidadosamente elaborado. Al aparecer vestidas de manera idéntica, subrayan la transmisión de estatus e influencia de madre a hija. Isabel Preysler, reconocida matriarca del glamour español, de este modo cede simbólicamente el testigo a su heredera, Tamara, consolidando su posición en el espacio público. Este paso demuestra su habilidad para permanecer en el centro de la atención y gestionar su imagen.
El deseo de Tamara Falcó de asociarse con la familia real no es nuevo. Forma parte de su estrategia para pasar de celebridad a aristócrata, ámbito en el que ya cuenta con una posición consolidada gracias a su título. Ejemplo de ello fueron los trajes elegidos para su fiesta prenupcial y la propia ceremonia de boda. Para anunciar su compromiso, Falcó, siguiendo el consejo de su estilista, optó por un traje de pantalón blanco, un look que recordaba el elegido por Letizia Ortiz en su compromiso oficial con el entonces príncipe Felipe.
El vestido de novia de la marquesa, creado por Wes Gordon para la casa de moda Carolina Herrera, también evocó en los observadores asociaciones con el atuendo nupcial de la reina Letizia diseñado por Pertegaz. Al elegir de manera consciente imágenes que remiten a momentos clave en la vida de la reina, Tamara Falcó envía un mensaje claro: su referente e inspiración es la élite de la sociedad —la monarquía española. De este modo, no solo sigue las tendencias de la moda, sino que construye una imagen acorde al nivel de la realeza.












