
En pleno otoño, mientras la naturaleza se prepara para renovarse, Tadej Pogacar volvió a estar en el centro de la atención del ciclismo mundial. El ciclista esloveno cruzó con autoridad la meta en Bérgamo, convirtiéndose en vencedor de la prestigiosa Il Lombardia por quinta vez consecutiva. Con este resultado, alcanzó su décimo trofeo en las Clásicas Monumento, subrayando así su posición única entre los mejores corredores de la actualidad.
La clásica italiana, conocida como la “carrera de las hojas muertas”, comenzó este año con la despedida de figuras como Meika, Meintjes y Puccio. Sin embargo, el foco final se centró en quien parece no tener intención de dejar la cima del podio. Pogacar cerró la temporada con un espectacular ataque en solitario en la subida a Passo di Ganda, demostrando un dominio absoluto y la madurez de un auténtico campeón.
Los intentos de los rivales por cambiar el rumbo de la carrera no tuvieron éxito. Quinn Simmons mostró iniciativa y lideró la prueba durante casi 200 kilómetros, mientras que Remco Evenepoel intentó alcanzar al líder en el tramo final, pero no pudo mantener el ritmo. En el momento decisivo, Pogacar aprovechó la ayuda de su compañero Meika, que se despedía del ciclismo, y a 37 kilómetros de la meta realizó el ataque definitivo. Ni Pello Bilbao, ni Julian Alaphilippe, ni Primoz Roglic, ni el joven Seixas pudieron plantear resistencia al esloveno.
La victoria en Bérgamo permitió a Pogacar convertirse en el primer ciclista de la historia en ganar Il Lombardia cinco veces consecutivas, superando a leyendas como Coppi y Merckx. No solo impresiona la cantidad de títulos, sino también el estilo en que los ha conseguido: una mezcla de pasión juvenil y precisión, ataques audaces y cálculo maduro. En su palmarés ya figuran tres victorias en el Tour de Francia, un Giro d’Italia, cinco Lombardía, dos Lieja-Bastoña-Lieja, dos Strade Bianche, dos Flandes, el campeonato del mundo y otros títulos prestigiosos.
Pogacar no solo gana carreras — está cambiando la percepción de lo que es posible para un deportista en el ciclismo moderno. Sus éxitos despiertan interés no solo entre los aficionados, sino también en el público general, y su nombre se está convirtiendo en símbolo de una nueva era. El final de temporada en Bérgamo fue no solo otra victoria, sino también una confirmación del estatus de Pogacar como uno de los grandes protagonistas de su tiempo. En un mundo donde el deporte está en constante cambio, él sigue siendo una referencia que marca los estándares para las futuras generaciones.












