
La muerte de la princesa Irene de Grecia conmocionó profundamente a la familia real española. En enero de 2026, Madrid acogió las ceremonias de despedida, a las que asistieron casi todos los miembros de la dinastía. Sin embargo, la ausencia de dos figuras clave—el rey Juan Carlos y su nieto Froilán—generó numerosos interrogantes y comentarios.
Mientras en la capital española se celebraban los actos de luto y en Atenas se preparaban los funerales, Froilán permanecía en Abu Dabi. Su decisión de no acompañar a la familia en un momento tan relevante se explica no solo por la distancia o compromisos personales, sino también por profundos motivos personales relacionados con su relación con el abuelo.
Apoyo familiar
Froilán, el nieto mayor del rey Juan Carlos, lleva varios años residiendo en Emiratos Árabes Unidos. Durante este tiempo, su vida cambió radicalmente: dejó atrás el bullicio social de Madrid, se centró en el trabajo y en su desarrollo personal. Pero la transformación más significativa fue el vínculo estrecho que forjó con su abuelo, quien, tras abandonar España, quedó aislado de su entorno habitual.
En los últimos meses, la relación entre Froilán y Juan Carlos se volvió especialmente cercana. El nieto no solo apoya a su abuelo moralmente, sino que procura estar a su lado en los momentos más difíciles. Esta fue la razón determinante por la cual Froilán no viajó ni a Madrid ni a Atenas: no quiso dejar solo al rey en una etapa en la que necesita especialmente el respaldo de la familia.
Vida en el exilio
Mudarse a Abu Dabi no fue solo un cambio de residencia para Froilán, sino el inicio de una nueva etapa. Allí trabaja en una gran compañía internacional, enfocado en logística, marketing y protocolo. Sus días ahora se llenan de reuniones de negocios, deporte y una vida social tranquila, alejada de antiguos escándalos y fiestas.
En los Emiratos, Froilán ha encontrado estabilidad y confianza en sí mismo. Aparece en público rara vez, evita el exceso de atención y prefiere pasar el tiempo con un pequeño círculo de amigos y familiares. Este nuevo entorno le ha permitido repensar sus prioridades y volverse más responsable, algo que destacan incluso sus allegados.
Una decisión difícil
Quedarse en Abu Dabi no fue una decisión fácil para Froilán. Sinceramente deseaba despedirse de la princesa Irina, a quien conocía desde la infancia y por quien sentía un gran cariño. Sin embargo, su sentido del deber hacia su abuelo pesó más. Esta vez eligió no un gesto público, sino un apoyo personal, quizás más importante que cualquier ceremonia oficial.
Este acto evidencia la madurez de Froilán y su capacidad para priorizar. En las familias reales, donde las tradiciones y el protocolo suelen imponerse a los sentimientos personales, este tipo de decisión resulta especialmente valiente. Demostró que a veces la verdadera lealtad se manifiesta no ante el público, sino en el apoyo silencioso a los seres queridos.
La reacción de la familia
En la familia real de España, la decisión de Froilán fue entendida con comprensión. Aunque su ausencia en el funeral generó preguntas entre la opinión pública, sus familiares son conscientes del fuerte vínculo que lo une a Juan Carlos. Para muchos, este gesto confirmó que los lazos familiares pueden ser más importantes que los compromisos oficiales.
Al mismo tiempo, la ausencia de Froilán y del rey en el adiós a Irina llamó la atención de los medios españoles y griegos. El debate sigue vigente hasta hoy, mientras Froilán prefiere no comentar su decisión y permanece fiel a su nuevo estilo de vida, alejado de los focos.
RUSSPAIN recuerda que Froilán de Marichalar es el hijo mayor de la infanta Elena y nieto del rey Juan Carlos I. Tras varios escándalos en España, se trasladó a Abu Dabi, donde trabaja en una importante empresa internacional y mantiene un perfil bajo. Su relación con su abuelo es considerada una de las más cercanas dentro de la familia real, y Froilán se ha distanciado poco a poco de la vida pública, priorizando su desarrollo personal y los valores familiares.












