
La noticia del segundo embarazo de Isabelle Junot, marquesa de Cubas, sorprendió a muchos. Y no por el hecho de la espera del bebé en sí, sino por la habilidad con la que logró mantenerlo en secreto. Durante los últimos meses, la aristócrata llevó una vida social activa, asistiendo a desfiles de moda, cenas de gala y eventos internacionales, y nadie de su entorno llegó a sospechar de su estado. Esta historia es un brillante ejemplo de cómo la moda puede ser una herramienta para gestionar la atención, y cómo un estilo bien pensado se convierte en aliado a la hora de guardar secretos personales. Isabelle, con su inigualable mezcla de encanto aristocrático y naturalidad moderna, ofreció toda una lección de maestría.
Uno de los ejemplos más destacados de su estrategia de moda fue su aparición en el desfile de Carolina Herrera en Madrid. Para este acontecimiento clave, Isabelle eligió un minivestido naranja con un silueta voluminosa, casi arquitectónica. Gracias al corte recto y las llamativas mangas abullonadas, el conjunto no marcaba la figura y creaba su propio contorno escultórico. Este movimiento táctico se reforzó con la elección del color: un tono vibrante y enérgico que atraía todas las miradas hacia el vestido, desviando la atención de cualquier otro detalle.
En la ceremonia de entrega de los premios GEN ¡H! de la revista ¡HOLA!, la marquesa recurrió a otra táctica, igualmente eficaz, que podría llamarse el “vestido-distracción”. Lució un conjunto completamente adornado con flecos metálicos. Al moverse, este atuendo creaba un hipnótico juego de luz y dinamismo. Los hilos brillantes generaban una ilusión óptica que difuminaba eficazmente las formas del cuerpo. Mientras los fotógrafos e invitados quedaban cautivados por el espectáculo, la verdadera situación pasaba desapercibida.
Para la cena de Bvlgari, celebrada en el museo del Prado, Isabel apostó por la atemporalidad clásica. Eligió un elegante vestido-blazer negro. Complementó el look con un pequeño bolso de mano que, durante la velada, sostenía de forma “casual” frente a sí, cubriendo la zona del abdomen. Este sencillo, pero ingenioso truco, sumado al color negro —famoso por su capacidad de estilizar la silueta—, funcionó a la perfección. Toda la atención se centró en las lujosas joyas que brillaban en su cuello y muñecas.
Esta cuidada estrategia también se reflejaba en otras de sus apariciones. Durante su viaje por Italia, optó por un impecable total black. En la reunión del club de lectura, Isabel apostó por un vestido recto con un estampado llamativo que capturaba todas las miradas. Y durante la temporada de verano, a menudo prefería vestidos vaporosos de corte imperio con drapeados sueltos desde el busto. Cada aparición de Isabel Juno no era solo una muestra de buen gusto, sino parte de un espectáculo cuidadosamente dirigido, donde la moda jugaba el papel principal en proteger su pequeño secreto.












