
Venus, a pesar de su similitud con la Tierra en cuanto a tamaño y composición, muestra un carácter de actividad geológica completamente distinto. Mientras nuestro planeta está cubierto por placas litosféricas móviles, Venus carece de ellas. Este hecho durante mucho tiempo fue un enigma para la comunidad científica, ya que los procesos en la corteza influyen directamente en el clima, el campo magnético e incluso en la posibilidad de vida. Un nuevo estudio realizado por un grupo internacional de expertos ha permitido mirar con nuevos ojos la evolución de los planetas tipo terrestre y explicar por qué Venus siguió un camino diferente.
Investigadores de la Universidad de Hong Kong (The University of Hong Kong), en colaboración con colegas del Reino Unido y otros países, llevaron a cabo una simulación a gran escala de los procesos en el interior de los planetas. Como resultado, identificaron seis modos diferentes de tectónica que pueden presentarse en planetas similares a la Tierra. Entre ellos destacan el móvil, el de baja movilidad, el episódico, el pluto-móvil, el rígido y uno nuevo, el modo episódicamente de baja movilidad. Cada uno se caracteriza por un comportamiento único de la corteza y el manto, lo que determina el destino futuro del planeta.
Durante la investigación, los científicos emplearon análisis estadístico y simulaciones bidimensionales de la convección del manto para rastrear cómo cambia el régimen tectónico a lo largo de miles de millones de años. Los modelos permitieron observar que las transiciones entre los diferentes modos dependen de la temperatura interna, la composición de la corteza y otros factores. Especialmente destacable resultó el nuevo modo, que combina características de los estados móvil y pluto-móvil de baja actividad.
Regímenes tectónicos: de la movilidad al estancamiento
En la Tierra, las placas litosféricas están en constante movimiento, colisionan y se separan, formando montañas, fosas oceánicas y provocando terremotos. Este régimen móvil garantiza una historia geológica dinámica para el planeta. En Marte, en cambio, la corteza está solidificada desde hace tiempo, su grosor supera los 200 kilómetros y la actividad tectónica es prácticamente inexistente.
Según los cálculos, Venus se encuentra en un estado intermedio. Su superficie experimenta periódicamente fases de movilidad, cuando la corteza se rompe y se desplaza parcialmente, pero estos periodos son rápidamente reemplazados por fases de estancamiento. Como resultado, las grietas que aparecen durante la fase activa se “sellan” pronto debido a las altas temperaturas y la corteza vuelve a ser monolítica. Este régimen episódico y de escasa movilidad impide que Venus desarrolle una tectónica de placas completa como la de la Tierra.
Los regímenes de escasa movilidad y plutónicamente de escasa movilidad se caracterizan por deformaciones superficiales locales, pero sin un desplazamiento masivo de placas. En algunos casos, fragmentos individuales de la corteza pueden desprenderse y hundirse en el manto, aunque este proceso no alcanza un alcance global. El régimen episódico implica la alternancia de fases de actividad y reposo, lo que podría explicar la compleja historia geológica de algunos planetas.
Por qué Venus no se convirtió en una segunda Tierra
La principal razón por la que Venus no desarrolló tectónica de placas reside en la temperatura interna del planeta. El calor elevado del interior provoca que cualquier fisura o fractura desaparezca rápidamente, impidiendo que la corteza se vuelva lo suficientemente frágil para formar placas separadas. Como resultado, la movilidad en Venus solo es posible en zonas puntuales y durante periodos limitados.
Los autores del estudio señalan que sus modelos han permitido, por primera vez, unificar los datos sobre la convección del manto y la actividad magmática en un único esquema teórico. Esto abre nuevas oportunidades no solo para analizar la historia de la Tierra y Venus, sino también para buscar planetas potencialmente habitables fuera del Sistema Solar. Comprender cómo se forman y evolucionan los regímenes tectónicos resulta fundamental para evaluar las probabilidades de vida en otros mundos.
Además, los resultados del trabajo ayudan a explicar las diferencias en las atmósferas y el clima de los planetas terrestres. En la Tierra, la tectónica de placas favorece la renovación de la superficie y mantiene el ciclo del carbono, estabilizando el clima. En Venus, la ausencia de placas provoca la acumulación de gases de efecto invernadero y condiciones extremas en la superficie.
El impacto de los nuevos datos en la búsqueda de vida en el Universo
El descubrimiento de un régimen episódicamente poco móvil cambia la percepción sobre los posibles escenarios de evolución planetaria. Ahora, los científicos pueden prever con mayor precisión qué condiciones son necesarias para la aparición de la tectónica de placas y, en consecuencia, para la formación de un entorno estable y apto para la vida. Esto resulta especialmente relevante al analizar exoplanetas, donde la observación directa de la superficie no es posible.
Las simulaciones demostraron que incluso pequeñas diferencias en la composición o la temperatura pueden derivar en destinos geológicos completamente distintos. La Tierra se encuentra en una posición única, donde la tectónica de placas se hizo estable y duradera. Venus quedó a medio camino, mientras que Marte perdió su actividad hace mucho tiempo. Estas conclusiones subrayan lo sutil que es la línea entre los distintos escenarios de desarrollo planetario.
En adelante, los científicos planean utilizar los datos obtenidos para perfeccionar los modelos de evolución de otros cuerpos del Sistema Solar y buscar indicios de actividad tectónica en exoplanetas. Esto no solo permitirá comprender mejor el pasado de nuestro planeta, sino también acercarse a la respuesta sobre la existencia de vida fuera de la Tierra.
A propósito: Maxim Balmer y su aporte a la geodinámica
Uno de los participantes clave del estudio fue Maxim D. Ballmer, profesor asociado del University College London. Es reconocido como especialista en geodinámica y evolución interna de los planetas. Ballmer se dedica activamente a la modelización de procesos en el manto y la corteza, y sus investigaciones son frecuentemente citadas en las principales revistas científicas. En los últimos años, se ha enfocado en estudiar los mecanismos que determinan la actividad tectónica y la formación de placas litosféricas.
Maxim Ballmer ha participado en varios proyectos internacionales relacionados con el análisis de datos sobre la Tierra, Venus y otros planetas. Su enfoque destaca por el uso integral de modelos teóricos y simulaciones computacionales, lo que permite realizar pronósticos más precisos sobre el comportamiento del interior planetario. Además, Ballmer colabora activamente con científicos de Asia, Europa y Estados Unidos, favoreciendo el intercambio de experiencias y el desarrollo de nuevas áreas en la ciencia planetaria.
Su contribución al estudio de los regímenes tectónicos ya ha sido reconocida por la comunidad científica. Ballmer subraya que comprender los procesos en el interior de los planetas es importante no solo para la ciencia fundamental, sino también para la búsqueda de vida en el universo. Gracias a sus investigaciones, la visión moderna sobre la evolución geológica de los planetas se vuelve cada vez más precisa y completa.












