
En el sur de Italia, en la región de Calabria, arqueólogos y paleogenetistas realizaron un amplio estudio de los restos humanos de la Edad de Bronce hallados en la cueva Grotta della Monaca. La atención de los científicos fue captada por inusuales vínculos genéticos entre los enterrados, lo que arrojó luz sobre aspectos poco conocidos de la vida de las antiguas poblaciones de la península Itálica. El análisis de ADN reveló que entre los sepultados se encontraba un adolescente cuyos padres eran parientes consanguíneos de primer grado: su padre era un hombre adulto de la misma cueva y su madre, la hija biológica de este hombre. Este descubrimiento representa el primer caso documentado de este tipo entre humanos antiguos y ha generado un intenso debate en la comunidad científica.
Durante milenios, la cueva Grotta della Monaca sirvió de refugio y lugar de sepultura para distintos grupos humanos. Las excavaciones arqueológicas, que se prolongaron por más de diez años, permitieron reunir una colección única de restos datados entre 1780 y 1380 a.C. En este período vivían aquí representantes de la llamada cultura de los Apeninos, dedicados a la ganadería y a la extracción de cobre. Dentro de la cueva se hallaron huesos y dientes de más de veinte individuos, entre los cuales predominaban niños y adolescentes.
Análisis genético
Para los estudios genéticos, los especialistas seleccionaron fragmentos de huesos y dientes de 23 individuos. En varios casos, el ADN estaba tan deteriorado que resultó imposible determinar siquiera el sexo o la haplogrupación mitocondrial. Sin embargo, en ocho casos se obtuvo suficiente información para analizar los vínculos de parentesco. Entre los enterrados predominaban niños menores de 12 años, así como varias mujeres y hombres adultos. Especial atención despertó una tumba que contenía los restos de al menos diez personas, incluido el único hombre adulto y un grupo de mujeres, adolescentes y niños.
Los genetistas identificaron una alta diversidad de haplogrupos mitocondriales, lo que indica una estructura social compleja en la antigüedad. Sólo dos personas —un hombre adulto y un niño— pertenecían a la misma línea materna. El análisis de los cromosomas Y mostró una diversidad algo menor, pero también reveló la presencia de varias líneas paternas. Con un examen más detallado fue posible identificar dos pares de familiares de primer grado, así como varios casos de parentesco lejano entre otros individuos.
Vínculos familiares inusuales
Un caso de especial interés fue el de un adolescente identificado como GMO007. Su genoma presentaba una cantidad récord de segmentos homocigóticos extensos, lo que indica que nació de padres con un alto grado de parentesco. Un análisis detallado reveló que su padre era un adulto hallado en la misma necrópolis, mientras que su madre era la hija biológica de ese hombre. Situaciones como esta son sumamente raras incluso entre las poblaciones antiguas, y hasta ahora no se había documentado un ejemplo tan evidente de incesto entre padre e hija en registros arqueológicos.
En otros casos, los investigadores detectaron matrimonios entre parientes lejanos, una práctica habitual en muchas sociedades antiguas, pero que no era la norma para esta población. Según los especialistas, la población efectiva del grupo rondaba las 4.700 personas, lo que indica una comunidad relativamente grande y estable para su época. Pese a ello, se registraron casos aislados de relaciones entre parientes cercanos, probablemente ligados a particularidades sociales o rituales de la sociedad de la Edad del Bronce.
Origen de la población
El estudio del origen de las personas enterradas en Grotta della Monaca reveló que su acervo genético se formó bajo la influencia de tres grandes grupos. Aproximadamente tres cuartas partes de los ancestros de esta población eran agricultores europeos del Neolítico temprano, alrededor del 15% descendía de pueblos esteparios de la Edad del Bronce procedentes de la región del norte del Mar Negro, y otro 9% correspondía a cazadores-recolectores de Europa Occidental. Los parientes más cercanos genéticamente resultaron ser los habitantes de Sicilia en la Edad del Bronce, lo que confirma los estrechos vínculos entre las regiones del Mediterráneo en aquella época.
Los paleogenetistas señalan que este tipo de hallazgos permite replantear la estructura social y las tradiciones de las sociedades antiguas. El análisis de ADN no solo revela lazos de parentesco, sino que también ayuda a comprender cómo se formaron y desarrollaron las poblaciones, qué procesos migratorios tuvieron lugar en el sur de Italia y qué contactos culturales existieron entre distintas regiones de Europa.
Perspectivas arqueológicas
La cueva Grotta della Monaca sigue siendo objeto de gran interés para los investigadores. Cada nuevo fragmento de hueso o diente puede aportar detalles a la compleja vida de los antiguos habitantes, así como a sus relaciones familiares y costumbres. Los arqueólogos están convencidos de que aún quedan muchos descubrimientos inesperados por delante, capaces de transformar nuestra visión del pasado de Europa.
En el ámbito científico, el hallazgo ha generado intensos debates sobre la permisibilidad y las razones de este tipo de matrimonios en la antigüedad. Algunos expertos sugieren que tales uniones podrían estar relacionadas con rituales específicos o normas sociales que hoy nos resultan incomprensibles. Otros opinan que se trata más bien de una excepción provocada por circunstancias únicas dentro de un grupo concreto.
Si no lo sabía, Grotta della Monaca es una de las mayores cuevas kársticas de Calabria, conocida por los arqueólogos desde mediados del siglo XX. Aquí se han hallado repetidas veces vestigios de antiguos habitantes, así como artefactos relacionados con la extracción de cobre y enterramientos. La cueva se considera uno de los monumentos más importantes de la Edad de Bronce en el sur de Italia y atrae regularmente la atención de equipos internacionales de investigación.












