
En 2025, un equipo de ingenieros y científicos de Estados Unidos e Israel presentó un ambicioso proyecto que podría transformar la lucha contra el cambio climático. La startup Stardust Solutions propuso el uso de partículas reflectantes innovadoras para reducir la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre. Según los desarrolladores, esta tecnología permitiría disminuir temporalmente las temperaturas globales y ralentizar el calentamiento. La idea ha generado un intenso debate entre expertos en clima, políticos y líderes empresariales.
La empresa ya ha creado un material único capaz de reflejar parte de la radiación solar. Para llevar la sustancia a la estratósfera, planean utilizar una flota de un centenar de aviones que elevarán regularmente las partículas hasta una altitud en la que puedan dispersar la luz de manera efectiva. Este enfoque recuerda a los efectos de grandes erupciones volcánicas, cuando las cenizas y el azufre enfrían temporalmente el planeta, pero en este caso se trata de un proceso controlado y repetible.
Geoingeniería en la práctica: retos y preocupaciones
El año pasado, la dirección de Stardust acudió a Janos Pasztor, exasesor climático de la ONU, para pedirle ayuda en la construcción de la confianza social hacia el proyecto. Pasztor, con amplia experiencia en negociaciones internacionales, se sorprendió por la magnitud y la velocidad de desarrollo de la startup. Señaló que este tipo de ideas antes solo se debatían en círculos científicos y en literatura de ciencia ficción, pero ahora se están convirtiendo en realidad.
Sin embargo, el experto expresó de inmediato dudas sobre la seguridad y las consecuencias de implementar esta tecnología. La comunidad científica advierte: intervenir en los procesos atmosféricos puede provocar cambios impredecibles en los sistemas meteorológicos, alterar las cadenas alimentarias e incluso generar conflictos geopolíticos. Además, a nivel mundial casi no existe regulación legal para este tipo de iniciativas, lo que representa riesgos adicionales.
Financiación y opacidad: ¿quién está detrás del proyecto?
A pesar de las preocupaciones, la startup atrajo rápidamente la atención de los inversores. En octubre de 2024, la empresa anunció haber recibido 60 millones de dólares por parte de fondos vinculados a reconocidos empresarios de Silicon Valley y a una de las dinastías industriales italianas. La inversión total alcanzó los 75 millones de dólares, lo que permitió agilizar el desarrollo y prepararse para las pruebas.
Al mismo tiempo, surgieron dudas sobre la transparencia de las operaciones de Stardust. Durante mucho tiempo, la web de la empresa estuvo oculta en los motores de búsqueda y el código de conducta acordado con Pastor nunca se publicó. Tras desacuerdos al respecto, Pastor decidió abandonar la colaboración, temiendo que sus recomendaciones fueran ignoradas. Representantes de la startup atribuyeron los problemas técnicos a una casualidad y prometieron solucionarlos, pero algunos expertos siguen mostrando cautela.
Tecnología y base científica: así funciona el sistema Stardust
El proyecto se basa en la idea de imitar los procesos naturales que ocurren durante las erupciones volcánicas. En 1783, la erupción del Laki en Islandia liberó millones de toneladas de azufre a la atmósfera, lo que provocó un enfriamiento temporal en todo el hemisferio norte. Científicos modernos han demostrado que las partículas de azufre que alcanzan la estratosfera pueden reducir las temperaturas medias globales durante varios años.
Stardust propone utilizar partículas seguras para el medio ambiente que serán dispersadas en determinadas latitudes, al norte y sur de los trópicos. Aviones que despeguen, por ejemplo, desde Florida y el sur de Brasil, podrían distribuir la sustancia de forma uniforme en la atmósfera. Según los cálculos, las partículas permanecerán en la estratosfera alrededor de un año, tras lo cual será necesario renovarlas. Según los desarrolladores, incluso una ligera reducción de la radiación solar podría ralentizar significativamente el calentamiento global.
Opiniones de expertos y posibles consecuencias
No todos los científicos apoyan la comercialización de la geoingeniería solar. David Keith, de la Universidad de Chicago y fundador de la empresa Carbon Engineering dedicada a la eliminación de dióxido de carbono, rechazó asesorar a Stardust. Considera que es imposible predecir las consecuencias globales de la dispersión de partículas en la atmósfera y que la sociedad no está preparada para confiar en empresas privadas en asuntos que afectan a todo el planeta.
Entre las amenazas potenciales, los expertos señalan la posibilidad de manipulación del clima en beneficio de determinados estados o corporaciones, lo que podría provocar conflictos internacionales. Además, los efectos ecológicos a largo plazo aún se desconocen y los debates científicos en torno a la tecnología continúan.
A propósito: lo que se sabe sobre Stardust Solutions y sus principales figuras
Stardust Solutions es una empresa relativamente joven fundada por un grupo de científicos y emprendedores de EE. UU. e Israel. Su director general, Yanai Edwab, es físico nuclear y anteriormente ocupó el cargo de subdirector científico en la Comisión de Energía Atómica de Israel. Bajo su liderazgo, la startup ha conseguido atraer inversiones importantes y reunir un equipo de 25 especialistas dedicados al desarrollo e implementación de nuevas tecnologías climáticas.
Janos Pastor, a quien se consultó para asesoramiento, es reconocido como uno de los principales expertos internacionales en clima y desarrollo sostenible. En distintos momentos, ha ocupado altos cargos en organismos de la ONU, ha participado en la elaboración de acuerdos climáticos globales y ha asesorado a gobiernos de diferentes países. Su implicación en el proyecto Stardust subraya la seriedad de las intenciones de la empresa, aunque las discrepancias respecto a la transparencia y la ética llevaron a la ruptura de la colaboración.
Stardust Solutions continúa desarrollando su tecnología pese a las críticas y preocupaciones expresadas por la comunidad científica. La empresa asegura que pretende que el proceso sea lo más transparente y seguro posible, aunque muchas preguntas aún continúan sin respuesta. En los próximos años, el proyecto podría convertirse en uno de los más debatidos en el ámbito de la innovación climática.












