
En Castilla y León persisten los grandes incendios forestales, que han afectado especialmente a las provincias de Zamora y León. Los bomberos que trabajan en la región denuncian abiertamente serios problemas a los que se enfrentan: falta de coordinación, escasez de personal, suministros insuficientes y salarios extremadamente bajos.
Desde el inicio de la nueva oleada de incendios, que comenzó a finales de la semana pasada, el personal de los servicios de extinción señala que debe trabajar bajo estrés constante y con sobrecarga laboral. Muchos reconocen que frecuentemente faltan efectivos en los operativos, y que la organización deja mucho que desear. En algunos casos, las brigadas, estando muy cerca del foco del incendio, no recibieron la orden de salida y se vieron obligadas a permanecer en la base, pese a la clara amenaza para la zona circundante.
Uno de los bomberos, que prefirió mantenerse en el anonimato por temor a posibles represalias por parte de la dirección, relató que su equipo en Zamora observaba el humo y las llamas, pero no recibió autorización para intervenir. Finalmente, el personal decidió por su cuenta desplazarse al lugar del incendio durante la noche para asistir a sus compañeros e intentar frenar la propagación del fuego. Gracias a su actuación, se logró evitar que las llamas alcanzaran la localidad de Sarracín de Aliste.
Los bomberos señalan que a menudo deben tomar la iniciativa, ya que no todos los responsables cuentan con los conocimientos y la experiencia necesarios para tomar decisiones rápidas y eficaces en situaciones extremas. Algunos especialistas emplean la táctica de contrafuegos — incendios controlados para frenar el avance de las llamas. Sin embargo, estas medidas requieren alta cualificación y conllevan riesgos, por lo que no todos los responsables técnicos están dispuestos a asumir tal responsabilidad.
Ante la falta de recursos y apoyo, los bomberos se ven obligados a conformarse con las mínimas comodidades. Por un trabajo intenso que puede extenderse hasta 22 días al mes, reciben alrededor de 1.300 euros, incluyendo todos los pluses y horas extras. Sin los pagos adicionales, el salario queda incluso por debajo del mínimo establecido en el país. Tras la tragedia de 2022 en las montañas de la Sierra de la Culebra, donde fallecieron cuatro personas y decenas de miles de hectáreas de bosque resultaron afectadas por el fuego, las condiciones laborales mejoraron ligeramente, pero, según los empleados, los cambios han sido mínimos.
Los problemas para cubrir necesidades alimentarias y básicas siguen siendo una preocupación. Los bomberos cuentan que, en ocasiones, deben comer fuera de horario y que la comida se la traen los vecinos, ya que la provisión oficial suele faltar. En uno de sus últimos turnos, el personal solo pudo comer gracias a la ayuda de los habitantes del pueblo de Yeres, que les prepararon bocadillos.
Los bomberos de Castilla y León destacan que, a pesar de todas las dificultades, continúan cumpliendo con su labor, pero esperan una mayor atención por parte de las autoridades a sus problemas. Consideran que solo después de grandes tragedias se toman algunas medidas, pero que aún no se producen cambios estructurales.
Los incendios en la región siguen representando una seria amenaza para la naturaleza, los habitantes locales y la economía. Los bomberos esperan que su voz sea escuchada y que la situación en cuanto a equipamiento, organización y remuneración mejore.











