
Por primera vez desde 2020, la fotografía oficial del desfile en honor al Día de la Hispanidad mostró a la familia real al completo. El rey Felipe y la reina Letizia, acompañados por la princesa Leonor y la infanta Sofía, protagonizaron una esperada aparición, ya que los estudios de las herederas al trono les habían impedido asistir a las celebraciones durante un largo tiempo.
Sin duda, su presencia fue el principal atractivo del día. La reina Letizia encarnó la elegancia con un vestido de tweed esmeralda de mangas francesas y un discreto cinturón negro que realzaba su figura. Completó el look con unos delicados pendientes de esmeraldas y el cabello suelto. Simplemente impecable. El rey, como es habitual, lució impecable con el uniforme de gala de la Armada. La princesa Leonor, vestida con el uniforme de la Fuerza Aérea, se veía solemne y digna. Desde que alcanzó la mayoría de edad, al igual que su padre, lleva la banda azul celeste de la Orden de Carlos III.
Sin embargo, el estilismo de la infanta Sofía despertó ciertos comentarios. Su vestido corto de lunares de Carolina Herrera era encantador por sí mismo, pero combinado con un abrigo-capa negro le daba un aire demasiado adulto y parecía poco adecuado para una ceremonia oficial matutina. Con todo, en comparación con algunos representantes políticos, esto no es un error grave, sino más bien una oportunidad para un consejo amistoso: la juventud se caracteriza por su frescura audaz y no conviene seguir ciegamente todas las recomendaciones impuestas.
La escena política, por su parte, mostró una amplia gama de estilos, desde aciertos hasta claros fracasos. Por ejemplo, el vestido blanco y negro de Yolanda Díaz era sublime, pero solo al observar la silueta completa. En primer plano, corría el riesgo de verse simplemente negro, lo cual no siempre es apropiado para un evento matutino. Sin embargo, en esta ocasión, el atuendo resultó ser un reflejo interesante del sombrío momento que atraviesa la política española. Esta sensación se intensificó con el murmullo desaprobador del público ante la llegada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Un agradable contraste lo ofreció la presidenta de Extremadura, que apostó por la sencillez y acertó. Su falda midi azul marino combinada con una blazer blanca y un cinturón fue un ejemplo de elegancia discreta.
Sin embargo, no todos pudieron presumir de buen gusto. Es difícil decir qué resultaba más irritante: el conjunto blanco y salmón de la ministra Montero o su atuendo negro estilo rococó con el que acudió a la ceremonia fúnebre por el Papa Francisco. Da la impresión de que su guardarropa ya no tiene salvación. Y ni hablar del lenguaje corporal, parte esencial de su imagen pública. Incluso la ministra Margarita Robles, habitualmente impecable en este tipo de actos, cometió un error este año. Su vestido estampado quedó atrapado entre la informalidad primaveral y el ánimo del verano que se va, sin encajar en absoluto en el ambiente otoñal de Madrid.
Al parecer, lo mismo pensó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cuyos últimos estilismos han sido bastante acertados. Sin embargo, siendo sincero, el atuendo que eligió hoy, con ese escote tipo ‘Bardot’, no me pareció el más adecuado. Además, el drapeado enredado en la cintura dejó cierta confusión; no se logró descifrar cuál era la intención de ese diseño.












