
Siempre ha existido un vínculo especial entre las coronas de España y Bélgica, en gran parte gracias a la reina Fabiola, nacida en Madrid y muy querida en Bélgica. Este lazo histórico se recuerda invariablemente en cada visita de los monarcas españoles. En esta ocasión, la reina Matilde quiso destacarlo de manera especialmente elegante al presentarse en público con unos pendientes de perlas que en su día pertenecieron a Fabiola. Su atuendo se completó con un llamativo vestido-abrigo de un intenso color escarlata, creando un contraste impactante.
La actual visita de los reyes a Bruselas es la primera en los últimos diez años y coincide con un evento importante: el trigésimo festival de artes “Europalia”, que en 2025 está dedicado a España. Esta misión para promover el patrimonio cultural nacional parece encajar a la perfección con la reina Letizia, reconocida por su interés en el mundo del arte. El programa del festival es impresionante: el evento central es una exposición de Francisco de Goya que reúne cerca de setenta de sus obras en diálogo con piezas de otros grandes maestros españoles, como Picasso y Antonio Saura. Pero “Europalia” no es solo pintura. En ochenta ciudades de Bélgica se han programado más de cien actividades que abarcan teatro, danza, cine y literatura.
La cena de gala tuvo lugar en el Palacio Real de Bruselas. Precisamente allí, durante la recepción pública previa al banquete, se desarrollaron los acontecimientos más comentados. A pesar de la coreografía protocolaria meticulosamente planeada, no faltaron las sorpresas. Un pequeño, pero para la realeza imperdonable, retraso de la pareja española fue la primera ruptura del protocolo. La causa del retraso, como se supo, fue un simple atasco de tráfico que ralentizó la comitiva a pesar del escolta policial. Los monarcas belgas tuvieron que esperar a sus invitados durante cuatro minutos. Sin embargo, este incidente solo dio pie a los comentaristas locales para criticar una vez más los problemas de tráfico de Bruselas, considerados entre los más graves de Europa.
Quizás en un intento de suavizar la incomodidad, el rey Felipe desplegó todo su encanto. Su amplia sonrisa al entrar al palacio y su gesto galante hacia la reina Matilde no pasaron desapercibidos. En lugar de los tradicionales besos protocolares, el monarca español le besó la mano de manera encantadora, un gesto que hoy en día se ve más en el cine que en la vida real, y que él realiza con impecable elegancia.
Por su parte, la reina Matilde mostró seguridad y una visión moderna del protocolo. Eligió zapatos de tacón tan alto que superó en varios centímetros al rey Felipe. Este detalle aparentemente menor en la moda dice mucho: en la familia real belga no hay lugar para complejos relacionados con la estatura. Es una prueba más de que Felipe y Matilde, a pesar de su discreción, no temen romper de vez en cuando los estereotipos establecidos, ya sea con la participación de la reina en carreras populares o con las respuestas del rey a los ciudadanos a través de YouTube.












