
La ceremonia nupcial de Cayetano Martínez de Irujo y Bárbara Mirjan, celebrada en la iglesia sevillana de Cristo de los Gitanos, se convirtió, sin exagerar, en uno de los principales acontecimientos sociales de la temporada. El evento, que coronó nueve años de relación de la pareja, reunió bajo su techo a la flor y nata de la sociedad española. Entre los numerosos y elegantes invitados, destacó especialmente la presentadora del programa «Espejo público», Susanna Griso, cuyo atuendo desató una auténtica tormenta en los círculos de la moda.
Elegir el conjunto ideal para una boda en Sevilla en octubre no es tarea fácil; requiere un fino sentido del estilo y conocimiento del protocolo. El look seleccionado por Griso fue considerado impecable por muchos, aunque también hubo quienes lo juzgaron totalmente inapropiado. El primero en lanzar una oleada de críticas fue el diseñador Juan Avellaneda, quien expresó abiertamente su rechazo en redes sociales. Según él, la combinación de texturas, detalles y tonos creaba una falta de armonía. Declaró sin rodeos que no le gustaba el atuendo, calificándolo de desacertado.
Al coro de inconformes se sumó la conocida bloguera de Instagram Sely Monde, famosa por sus análisis irónicos de los looks de celebridades. Comparó mordazmente el sombrero tipo pamela de la presentadora con una pantalla de lámpara, señalando que este tipo de accesorio acorta visualmente la figura y transforma a su portadora en una ‘doña Croqueta’.
Sin embargo, el estilista y colaborador televisivo Jesús Reyes salió inmediatamente en defensa de la presentadora. Ofreció un extenso comentario dirigido principalmente a Juan Avellaneda. Reyes afirmó que, desde el punto de vista de la estética, el protocolo y la concepción general del look, no se le puede reprochar nada a Susanna. Calificó su apariencia de impactante e impecable. El vestido del diseñador Jorge Redondo recibió elogios especiales. El tono azul celeste, que el estilista definió como uno de sus favoritos, junto al corte perfecto, según él, creaban una silueta magnífica.
Reyes también destacó la atención a los detalles. Explicó que, a diferencia de otras invitadas que acudieron a la iglesia con los hombros al descubierto, Griso actuó de forma totalmente acertada al ponerse un chal. Esto permitió respetar el código de vestimenta religioso, y ya durante el banquete, el chal podía quitarse. El tocado de la firma Balel, apreciada por la propia Reina Letizia, fue calificado por él como una auténtica obra de arte. Tampoco faltó un dardo hacia el crítico: Reyes insinuó que Avellaneda rara vez habla bien de alguien que no sea su amiga Nieves Álvarez, lo que pone en duda su objetividad. Además, corrigió al diseñador al aclarar que el chal no era rojo, sino coral. La propia Susanna Griso reaccionó con mesura a la polémica, señalando que siempre está abierta a la crítica constructiva. Para concluir, Reyes resumió que el conjunto resultó muy «televisivo» y perfectamente adecuado para la ocasión.










