
Han pasado seis años desde aquel día en que el mundo, conteniendo la respiración, fue testigo de uno de los eventos más fastuosos y simbólicos de la monarquía moderna. El 22 de octubre de 2019, en Tokio, se celebró la ceremonia de entronización del 126º emperador de Japón, Naruhito, quien sucedió a su padre Akihito en el Trono del Crisantemo. Este acontecimiento no solo marcó un hito en la historia del País del Sol Naciente, sino que también se convirtió en una especie de pasarela donde las primeras damas y representantes de las casas reales europeas exhibieron su impecable gusto y respeto por el código de vestimenta diplomático.
En el centro de todas las miradas estuvo, sin duda, la reina Letizia de España. Para la ceremonia diurna eligió un elegante vestido largo con delicado estampado floral de la diseñadora española Matilde Cano. El look se completó con un refinado clutch en tono rosa pastel de Carolina Herrera y una diadema única, hecha a mano en rafia y terciopelo por los artesanos de Nana Golmar. Un detalle importante fue la banda de la Orden japonesa de la Corona Preciosa. Ya por la noche, la reina apareció con un look completamente diferente y deslumbrante: debutó con un lujoso vestido color fucsia, adornado con intrincados bordados florales, también de Carolina Herrera, y coronó su cabeza con una joya familiar, la Tiara de Lis. Esta pieza, un regalo de Alfonso XIII a la reina Victoria Eugenia, es una de las más significativas del tesoro de la corona española. El conjunto se completaba con magníficas joyas de diamantes y esmeraldas.
Igualmente impactante fue la aparición de la reina Máxima de los Países Bajos. En la ceremonia diurna, deslumbró con un vestido gris azulado de Natan con elementos transparentes y flores bordadas. Su tocado XL de Fabienne Delvigne, adornado con una flor y un velo, fue objeto de animados debates. Para la cena de gala, Máxima optó por un impresionante vestido rojo con un patrón de zigzag de Jan Taminiau, y su cabeza lució una histórica tiara de rubíes de la casa de joyería Mellerio, resaltando su carácter apasionado.
Otras monarcas europeas también demostraron un alto nivel de estilo. La princesa heredera Mary de Dinamarca apostó por el minimalismo, presentándose con un vestido-capa lila de Valentino, complementado con un sombrero adornado con una gran flor. La reina Matilde de Bélgica eligió un conjunto rosa claro de vestido y capa de Giorgio Armani Privé y el emblemático tocado tipo pillbox. La princesa heredera Victoria de Suecia destacó con un vestido azul intenso de Escada durante el día y un vestido de encaje reciclado de Elie Saab en la noche, que combinó con la tiara “Laurel Wreath” de Boucheron. Por su parte, la nueva emperatriz de Japón, Masako, siguió las tradiciones ancestrales: en la entronización lució un formal kimono de doce capas con bordados de flores y grullas; para el banquete, optó por un vestido color marfil y la famosa tiara Meiji.












