
La tarde del 23 de octubre de 2025, Oviedo quedó paralizada en la espera. La capital de Asturias, reconocida por su tranquilidad, se transformó hoy en el epicentro de la vida social de España. Cientos de residentes y visitantes se congregaron frente a las paredes del Palacio de Congresos, con la esperanza de vislumbrar a los protagonistas de las inminentes celebraciones. El ambiente estaba cargado de expectación y entusiasmo ante el gran evento cultural que, cada año, sirve de antesala a la entrega de uno de los galardones más prestigiosos del mundo hispanohablante.
Bajo los flashes de las cámaras, la comitiva llegó a la entrada principal. Los primeros en descender del coche fueron el rey Felipe VI y la reina Letizia, impecables y sobrios como siempre. El monarca saludó a los presentes con su habitual dignidad y su esposa cautivó al público con su famosa sonrisa. Sin embargo, todas las miradas se dirigieron a quienes iban detrás. La princesa Leonor y la infanta Sofía, ya adultas y seguras de sí mismas, mostraron un gusto impecable y pleno conocimiento de su estatus. La heredera, cuyo nombre lleva el premio, lucía especialmente concentrada, consciente de su creciente papel en la vida del país.
El trigésimo tercer concierto previo a la entrega de los premios es mucho más que un simple acto protocolario. Es un homenaje a la cultura y el arte, que la Fundación Princesa de Asturias lleva décadas respaldando. Para la propia Leonor, este evento tiene un valor especial. Cada año, su participación en las ceremonias adquiere mayor profundidad y relevancia, evolucionando de una obligación protocolaria a una verdadera misión de quien será la futura jefa de Estado. Su presencia aquí, en Oviedo, simboliza el vínculo indisoluble de la corona con el histórico Principado de Asturias, cuna de la monarquía española.
La familia al completo ocupó su lugar en el palco de honor del auditorio. Su aparición fue recibida entre aplausos. La velada se convirtió en un prólogo especial para el gran acontecimiento: la ceremonia de entrega de premios que tendrá lugar al día siguiente en el Teatro Campoamor. El programa musical, como siempre, fue cuidadosamente seleccionado para reflejar los altos ideales de humanismo e ilustración que inspiran estos galardones. Para la Familia Real, no solo es una ocasión para disfrutar del arte, sino también para mostrar unidad, estabilidad y continuidad institucional en tiempos complejos para Europa.
Al observar a la pareja real y sus hijas, muchos señalaban lo armoniosos que se ven juntos. Ya no son solo padres e hijas, sino un equipo unido, donde cada uno comprende su papel. La reina Letizia, oriunda de Oviedo, se sentía aquí como en casa, y su apoyo a las hijas era evidente en cada mirada. La infanta Sofía, aunque a la sombra de su hermana mayor, mantenía una gran dignidad, siendo un ejemplo de apoyo y unión familiar. Esta aparición conjunta se convirtió en una nueva muestra de que la monarquía española mira con confianza al futuro, personificado en la princesa Leonor.












