
España se ha visto sacudida por las reveladoras memorias de Isabel Preysler, tituladas «Mi verdadera historia». En las páginas de su libro, la llamada «reina de corazones» por la prensa desde hace años, decide poner fin a los numerosos rumores y especulaciones que rodearon su vida. Relata sin tapujos su trayectoria, desde su juventud en Filipinas hasta convertirse en una de las mujeres más reconocidas del país, abordando los temas más delicados, como sus relaciones con exmaridos y sus hijos.
Uno de los capítulos más comentados es el dedicado a su matrimonio con el legendario cantante Julio Iglesias. Su unión, que duró siete años y dio al mundo tres hijos —Chábeli, Julio Jr. y Enrique—, terminó oficialmente en 1978. Preysler describe ese periodo como una época de resplandor deslumbrante y profunda soledad. La carrera de Julio estaba en su apogeo y su vida se convirtió en una sucesión interminable de giras. La comunicación familiar, según ella, se redujo al mínimo: escasas llamadas telefónicas y postales desde diferentes rincones del mundo. Eso no podía sustituir la presencia real de un esposo y un padre.
Tras el divorcio, Isabel enfrentó una prueba durísima. Los niños se mudaron a Estados Unidos para vivir con su padre. Esta decisión obedeció a motivos de seguridad, pero para la madre supuso una auténtica tragedia. El día en que los despidió en el aeropuerto, Preysler lo califica como el más triste de su vida, un momento que le dejó una herida imborrable. Esa distancia fue determinante en la complicada relación familiar posterior, especialmente entre el padre y el hijo menor.
Enrique Iglesias, a diferencia de su hermano mayor, creció a la sombra de la fama de su padre y mantuvo en secreto sus ambiciones musicales. Su pasión por la música era un secreto que solo confió a su profesora. Fue ella quien creyó en el joven y le prestó dinero para grabar su primera maqueta. Isabel, al descubrir el interés de su hijo, intentó encontrar un compromiso. Convenció a Enrique de terminar primero sus estudios y después dedicarse de lleno al mundo del espectáculo. Sin embargo, la reacción de Julio fue completamente diferente y, como escribe Preysler, estuvo muy lejos de cualquier apoyo paterno.
En las memorias se afirma que Julio Iglesias no solo no apoyó a su hijo en sus comienzos, sino que además reaccionó de manera extremadamente negativa. Esto fue fuente de gran tristeza y desilusión tanto para Enrique como para su madre. En uno de los documentales, la futura estrella del pop recordaba una llamada telefónica decisiva con su padre, que terminó en una fuerte discusión y provocó que se fuera de casa. La rivalidad entre padre e hijo solo aumentó con el tiempo, manifestándose en declaraciones públicas e incluso en nominaciones a los mismos premios musicales. El libro de Isabel Preysler arroja luz sobre este drama familiar, mostrando lo complejas y dolorosas que fueron las relaciones entre los dos miembros más famosos de la dinastía Iglesias.












