En el extremo sur de España, donde el Atlántico se encuentra con las tierras de Andalucía, se extiende un pequeño pueblo cuyo nombre evoca sal y tradiciones ancestrales. Zahara de los Atunes, la joya de la Costa de la Luz en la provincia de Cádiz, hace tiempo dejó de ser solo un punto en el mapa. Hoy es un refugio para quienes buscan escapar del bullicio urbano, y septiembre, con su sol suave y la marea turística atenuada, revela el auténtico carácter de este enclave. Cuando las multitudes se marchan, las estrechas calles recuperan el ritmo pausado de la vida local; en las extensas playas se puede encontrar tanto a surfistas en busca de olas como a celebridades que buscan privacidad.
Una escapada de estrellas en la «Colina Alemana»
Entre los admiradores de este paraíso andaluz se encuentra también Dani Martín, una de las figuras clave de la escena pop-rock española. El exlíder de la banda «El Canto del Loco» encontró aquí no solo un destino vacacional, sino un verdadero segundo hogar. Eligió una exclusiva zona conocida como «colina de los Alemanes» o «la Colina Alemana». Desde allí, en lo alto, se disfruta de una impresionante vista panorámica de la playa Búnker, de kilómetro y medio, situada entre los cabos Gracia y La Plata. Es precisamente en su residencia donde el músico recupera energías tras intensas giras y encuentra inspiración, lejos del bullicio y el ritmo frenético de Madrid. Los vecinos ya se han acostumbrado a verlo pasear por la orilla o disfrutar de los mariscos más frescos en alguno de los chiringuitos junto al mar, donde es un comensal más, sin el aura de estrella ni el ajetreo habitual.
El legado del atún y los duques
Pero Zahara no es solo playas y famosos. Su alma y su historia están íntimamente ligadas al atún, como lo indica incluso su nombre (“de los Atunes”). Durante siglos, prosperó aquí la antigua y espectacular pesca tradicional de la almadraba, un complejo sistema de redes para capturar atún rojo que migra para desovar a través del Estrecho de Gibraltar. Esta tradición, introducida por los fenicios y perfeccionada por los árabes, forjó la economía y la cultura de toda la región. El antiguo palacio de los duques de Medina Sidonia, que se alza junto al mar, es testigo de ese esplendor pasado. En tiempos, estos poderosos aristócratas supervisaban personalmente desde aquí la captura y el procesamiento del valioso pescado, convirtiendo Zahara en un importante centro económico. Hoy, las ruinas del palacio y los antiguos barrios de pescadores cuentan historias de una época en la que la vida del pueblo dependía por completo de los caprichos del océano y la migración del atún.
Gastronomía, naturaleza y ruinas romanas
En las últimas décadas, Zahara de los Atunes ha pasado de ser una modesta aldea de pescadores a convertirse en un destino turístico de prestigio, sin perder su encanto auténtico. La gastronomía aquí es un arte en sí mismo, y en el centro de todo está, por supuesto, el atún rojo. En los restaurantes locales se prepara de cientos de maneras: desde el tradicional “morrillo” a la parrilla hasta sofisticados tartares y sashimi, demostrando que el atún local es el mejor del mundo. Pero el ocio en Zahara no se limita a la comida y a las playas de arena dorada. Su ubicación estratégica, entre el pintoresco Barbate y la capital mundial del viento, Tarifa, la convierte en un punto de partida ideal para explorar la región. A pocos kilómetros se encuentran las impresionantes ruinas de la antigua ciudad romana de Baelo Claudia, con sus templos y anfiteatro situados justo al borde del océano. Esta combinación única de naturaleza virgen, rica historia e infraestructura turística moderna hace de Zahara un lugar al que uno siempre quiere volver.












