
La visita de Estado de los monarcas españoles a Egipto transcurrió en un ambiente de expectación contenida. A diferencia de las fastuosas recepciones habituales en las giras europeas, aquí todo estuvo regido por un estricto protocolo, sin tiaras ni banquetes solemnes. Sin embargo, esa moderación deliberada solo reforzó el peso de las palabras pronunciadas por Felipe VI durante el encuentro con representantes de la diáspora española. Desde el principio, el viaje estuvo enfocado no en los efectos externos, sino en el contenido.
No obstante, la reina Letizia, como siempre, acaparó la atención por su impecable estilo. Su elegancia y el cuidado en la elección de sus atuendos se convirtieron en un lenguaje propio de la diplomacia. El vestido blanco que lució la víspera causó furor en el ámbito digital, alcanzando un impacto casi comparable al del discurso de su esposo. Son dos formas diferentes de transmitir un mensaje, pero ambos contribuyen a fortalecer la imagen de la Corona española tanto dentro como fuera del país. Cada palabra del rey y cada gesto de la reina transmiten un significado profundo.
Uno de los momentos culminantes fue una visita nocturna, que podría haber parecido una cita romántica, pero tuvo un carácter distinto. El rey Felipe y la reina Letizia, junto con el presidente de Egipto Abdel Fattah al-Sisi y su esposa Entissar Amer, se dirigieron a las grandes pirámides de Guiza. Según trascendió, el monarca llevaba tiempo soñando con contemplar el atardecer sobre esta maravilla del mundo, un deseo que comentó personalmente al líder egipcio durante el almuerzo oficial en el palacio de Al-Ittihadiya. Finalmente, el sueño se hizo realidad.
Para el rey Felipe, esta fue su primera visita a las legendarias necrópolis de Keops, Kefrén y Micerinos. La visita nocturna fue una elección deliberada: los monarcas pudieron apreciar el nuevo sistema de iluminación de los antiguos monumentos, diseñado e instalado por especialistas españoles. Las tecnologías procedentes de España permitieron no solo realzar visualmente las pirámides, sino también modernizar el sistema de seguridad del complejo. La velada comenzó con una cena en el famoso hotel Mena House, que ofrece una vista impresionante de la meseta de Guiza.
Aunque, según muchos, las fotografías de El Cairo no lograron transmitir plenamente la magnificencia del momento, el hecho mismo de la visita fue significativo. La discreción del viaje quizá no permitió disfrutar de imágenes llamativas, pero resaltó su carácter profesional y cultural. En la agenda de la pareja real se incluye una visita a Luxor. Allí, la reina inaugurará una exposición fotográfica dedicada a la ‘Ciudad de los Muertos’ de El Cairo, y posteriormente, junto al rey, visitará el templo de Hatshepsut en el Valle de los Reyes. También está prevista una visita al Museo de Luxor, donde arqueólogos españoles presentarán a los monarcas artefactos hallados durante sus años de expediciones.












