
En pleno corazón del Parque Natural de Somiedo, en Asturias, a 1.700 metros de altitud, ha surgido una estructura que transforma la forma en que concebimos la relación entre la arquitectura y la naturaleza salvaje. Se trata del mirador geológico de La Farrapona: no es simplemente un puente ni un balcón, sino más bien una cinta metálica suspendida en el aire que invita a recorrer el valle de Saliencia desde las alturas. Su inauguración ha sido un acontecimiento de alcance internacional, atrayendo la atención tanto de turistas como de profesionales de la industria cinematográfica, quienes, tras su visita este verano, expresaron su admiración por este lugar.
La estructura, diseñada por un estudio de arquitectura madrileño, consiste en un lazo cerrado que parece flotar en el aire. Este efecto se logra gracias a que descansa únicamente sobre cuatro columnas, agrupadas en forma de pirámide invertida, lo que transmite una sensación de ligereza e intervención mínima en el paisaje. Para su construcción se eligió un tipo especial de acero: el corten. Este material no solo resiste las duras condiciones climáticas de la montaña, con heladas en invierno y temperaturas cercanas a treinta grados en verano, sino que, con el tiempo, adquiere una pátina que imita el tono de las rocas que lo rodean. Su silueta, destacando entre las cumbres, ya se ha convertido en uno de los símbolos de Somiedo. El proyecto fue concebido desde el principio como un espacio plenamente accesible, permitiendo disfrutar de las vistas a todas las personas, incluidas aquellas con movilidad reducida.
Sin embargo, la verdadera magia de este lugar se revela cuando se levanta el viento. Las corrientes de aire, al pasar por las perforaciones en forma de gota en la plataforma, crean una melodía prolongada y cambiante. Este efecto acústico, que originalmente fue solo una solución técnica para el drenaje del agua y el deshielo, transformó la estructura de ingeniería en una especie de instrumento musical que toca al unísono con la naturaleza. Precisamente esta característica la convirtió en su rasgo más reconocible y dio origen a la leyenda del ‘sendero que canta’.
Además del disfrute estético y acústico, el paseo por la plataforma también tiene una función educativa. A lo largo del recorrido se encuentran paneles informativos dedicados a nueve puntos de interés geológico. Gracias a códigos QR preparados por especialistas de la Universidad de Oviedo, es posible acceder a información detallada sobre formaciones rocosas, fósiles y rastros del tumultuoso pasado industrial de la zona. Desde la propia pasarela se puede ver lo que queda de la antigua mina Santa Rita. Entre 1956 y 1978 aquí se extrajo mineral de hierro de manera intensa, dejando cicatrices en la montaña: escombreras, entradas a galerías y toda una red subterránea que llegó a contar con hasta 12 niveles.
La propia ubicación, el puerto de Alto de la Farrapona, es un punto emblemático en la frontera entre Asturias y Castilla y León. Es un lugar popular entre senderistas, ciclistas y todos aquellos que aprecian la naturaleza virgen. Los alrededores albergan a uno de los símbolos de la Cordillera Cantábrica: el oso pardo, lo que otorga a esta zona un valor especial. Un poco más arriba en la ladera se extiende el sistema de lagos glaciares de Saliencia, que incluye el lago Calabazosa, el más profundo de Asturias, ofreciendo un espectáculo impresionante.
Llegar a esta maravilla de la ingeniería no es complicado. Desde la localidad de Pola de Somiedo parte la carretera SD-1, cuyo recorrido dura alrededor de media hora. Desde el aparcamiento habilitado parte un sendero que lleva hasta la propia plataforma y que se recorre en menos de diez minutos. Tras este breve trayecto, el visitante se encuentra ante una panorámica grandiosa que muestra toda la majestuosidad del parque y explica por qué este rincón de España ha conquistado los corazones de viajeros de todo el mundo.











