
El verano de 2025 para la aristocracia española estuvo marcado no solo por el calor, sino también por cambios en el ámbito personal. En el centro de la atención volvió a estar Victoria Federica de Marichalar. Apenas se apagaron los rumores sobre su ruptura con el empresario Borja Moreno Oriol, la sobrina del rey Felipe VI dio un nuevo motivo de conversación. Al parecer, el corazón de la joven aristócrata está ocupado de nuevo, y esta vez su elección ha recaído en una persona ajena a su habitual círculo social.
Según personas de su entorno, el nuevo interés de Victoria es un hombre llamado Javier. Sus caminos se cruzaron hace más de un año gracias a amigos en común, y la chispa surgió, al parecer, durante la tradicional peregrinación a El Rocío, donde la familia de Javier tiene una casa. Sin embargo, fue este verano cuando realmente se acercaron. En varias ocasiones la pareja fue vista junta en la soleada Costa del Sol, que se convirtió en el epicentro de la vida estival de Victoria Federica tras el fin de su anterior relación. Por ahora, su vínculo se describe como un romance ligero, sin llegar a compromisos serios.
La identidad de la nueva pareja de la nieta del rey emérito Juan Carlos I despierta especial interés. Javier es un hombre maduro, cuya edad se estima entre 30 y 40 años. Originario de Málaga, se ha hecho un nombre como talentoso tatuador. Su actividad profesional no se limita a su Andalucía natal; viaja constantemente entre España, Dubái y Miami, donde cuenta con una clientela selecta. La apariencia de Javier se describe como muy llamativa, y su cuerpo está cubierto de numerosos tatuajes, lo que resulta coherente con su profesión.
El aspecto más intrigante de esta historia ha sido la reacción de la familia. Según algunas fuentes, el padre de Victoria, Jaime de Marichalar, no solo está al tanto de la nueva relación de su hija, sino que la acepta con cierta benevolencia. Esta noticia ha causado desconcierto en los círculos sociales, ya que don Jaime es conocido por su visión elitista y sus estrictos requisitos hacia el entorno de sus hijos. La figura de un tatuador con un estilo de vida bohemio contrasta radicalmente con todos los anteriores pretendientes de su hija. Esta disonancia ha generado muchos debates: algunos opinan que el aristócrata ha flexibilizado sus principios, mientras que otros dudan de la veracidad de la información sobre su supuesto visto bueno, considerando que un yerno así no encaja en su visión del mundo.












