
En pleno corazón de la sierra de la Sierra del Segura, en Albacete, se esconde una historia que ha unido para siempre el cine y tres singulares localidades. Aýna, Liétor y Molinicos alcanzaron la fama gracias a una de las películas más insólitas de la historia del cine español. En el verano de 1988, el director José Luis Cuerda, oriundo de esta tierra, eligió los paisajes de su infancia para crear su obra inmortal. Décadas después, esta película, convertida en objeto de culto, no ha perdido su magnetismo y sigue atrayendo a nuevos seguidores que se autodenominan «amanecistas».
El secreto de su popularidad incombustible reside en el humor surrealista e inconfundible y en el atrevimiento de su narración. Muchos viajeros llegan a estos parajes recitando los diálogos de memoria. La cinta, en sí misma, es una especie de western a la manchega: unos forasteros llegan a un pueblo en el que todo es posible. Iglesias repletas, arias de ópera en las tabernas, debates sobre el libre albedrío y Faulkner… Y, según el propio Luis García Berlanga, el reparto fue el mejor de toda la historia del cine nacional.
Respondiendo al creciente interés, en 2010 las autoridades de Castilla-La Mancha inauguraron oficialmente una ruta temática que atraviesa los tres municipios. A lo largo del recorrido se han instalado paneles informativos y conjuntos escultóricos, además de un centro especial para visitantes. Asimismo, cada primavera, desde 2011, tiene lugar aquí un gran encuentro de aficionados de toda España. Se reúnen para recorrer juntos las localizaciones emblemáticas de la llamada «Suiza manchega», disfrutando de los desfiladeros y las vistas al río Mundo.
Ayna, epicentro de los acontecimientos cinematográficos, se encuentra en un valle de excepcional belleza. Aquí se rodó la mayor parte de las escenas. El primer punto a visitar es el Mirador del Diablo, desde donde se contempla aquel amanecer final sobre los riscos. A la entrada del pueblo, en la explanada de Rodea Grande, se exhibe la famosa motocicleta con sidecar. Paseando por las empinadas calles reconocerá sin dificultad la taberna con ópera, el huerto de calabazas, el «vivero de hombres» y la clase de don Roberto. Y en la calle Mayor, número 10, en la antigua capilla de Remedios, se ubica el centro de interpretación, con techos mudéjar únicos y recuerdos del rodaje.
Liétor, encaramado sobre el río Mundo, es conocido por su casco histórico y sus casas señoriales. La estrella principal aquí es la ermita de Nuestra Señora de Belén. Sus interiores, decorados con pinturas populares del siglo XVIII, sirvieron de escenario para célebres escenas eclesiásticas, con coro y la secreta degustación de vino consagrado. En la Plaza del Conde reconocerá la fachada que en el cine fue tanto cuartel como biblioteca, y en cuyo patio interior se celebraban reuniones de mujeres. Si dispone de tiempo, merece la pena visitar la cripta con momias ubicada en el antiguo monasterio carmelita.
Molinicos, cuyo territorio forma parte del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, dejó huella en los espectadores gracias a su plaza principal. Fue en el antiguo ayuntamiento donde se anunciaban las elecciones, se mostró el famoso flashback del 24 de agosto de 1947 y se organizó la emblemática lluvia de arroz tras la misa. En la calle Molinos se rodaron las primeras escenas: la llegada de los protagonistas en moto y la escena de la doble personalidad de uno de los personajes. La experiencia puede completarse en el curioso Museo de Micología, perfectamente integrado entre las distintas localizaciones.
Si eres fanático de esta película, organiza una escapada de fin de semana y sigue los pasos del gran Cuerda. Entre miradores, ermitas y plazas donde «puede pasar cualquier cosa», comprenderás por qué esta región se ha convertido en un destino imprescindible para el cineturismo en España.












