
En pleno corazón del Valle de la Sidra asturiano, lejos de la costa pero rodeado de verdes colinas y pastos, se esconde Torazo. Este pequeño pueblo, poco conocido fuera de la región, se está convirtiendo inesperadamente en un lugar al que apetece volver una y otra vez. Aquí viven apenas unas doscientas personas, pero la atmósfera de calidez y tranquilidad se percibe en cada rincón.
Septiembre es especialmente propicio para descubrir Torazo: el flujo veraniego de turistas ya ha cesado y el pueblo sigue con su ritmo pausado. Las casas de piedra, balcones de madera y los antiguos hórreos no solo embellecen las calles, sino que aún sirven a los habitantes, que no tienen prisa por renunciar a sus tradiciones. Por preservar esta autenticidad, Torazo fue galardonado con el título de «Pueblo Ejemplar de Asturias» en 2008, y ocho años después fue incluido en la lista de los pueblos más bonitos del país.
Pasear por sus estrechas calles empedradas es la mejor forma de captar el espíritu del lugar. Entre sus joyas arquitectónicas destaca la iglesia de San Martín el Real, construida en el siglo XVI y considerada el edificio más antiguo de la zona. Muy cerca se encuentra la capilla de Nuestra Señora de la Sienra (Nuestra Señora de la Sienra), rodeada de una arboleda de robles, desde donde en días despejados se obtienen impresionantes vistas de los Picos de Europa. También llaman la atención las coloridas casas de estilo colonial, construidas por asturianos que regresaron de América con fortuna. Gracias a ellas, el pueblo luce extraordinariamente pintoresco y parece hecho para sesiones fotográficas.
Los amantes de la naturaleza y el senderismo encontrarán aquí muchas opciones interesantes. Desde el mismo centro del pueblo parte un sendero hacia la cima de Peña Incós, un recorrido de unos siete kilómetros atravesando prados, bosques y cabañas de pastores, con un ascenso gradual hasta los 583 metros. La ruta es sencilla y, en los días despejados, las vistas desde la cima abarcan no solo los pueblos cercanos, sino también el litoral del mar Cantábrico. En septiembre, cuando la temperatura es agradable y apenas hay turistas, el paseo se convierte en un auténtico placer para quienes buscan tranquilidad y conexión con la naturaleza.
No se puede terminar la visita a Torazo sin probar sus platos típicos. Aquí preparan auténtica fabada con compango casero, un jugoso cachopo de ternera y un arroz con leche realmente cremoso. Además, en el vecino pueblo de Santolaya de Cabranes se celebra cada año el Festival del Arroz con Leche, un evento que reúne a los amantes del dulce de toda la comarca.
Torazo no es solo monumentos y arquitectura, sino también una atmósfera especial: sencillez, tranquilidad y hospitalidad. Aquí cada quien encuentra su espacio para inspirarse y descansar.












