
Acostumbrados a verla a la sombra de otros miembros de la familia real, muchos se sorprendieron sinceramente al reconocer a la reina emérita Sofía como la invitada más elegante en la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias. De hecho, su look resultó más acertado que el de la reina Letizia.
Es difícil decir si fue premeditado, pero el contraste visual fue impactante. Cuando los vehículos reales trasladaron a la familia desde el hotel ‘Reconquista’ hasta el teatro ‘Campoamor’, la diferencia fue evidente para todos. La reina Letizia, como una heroína moderna de un relato gótico, apostó por un total black y destacó las canas en su cabello, quizás rindiéndose a la tendencia oscura de algunos jóvenes monarcas europeos. Su suegra, en cambio, literalmente irradiaba luz.
No se puede dejar de admirar su elección. En un Oviendo otoñal y gris, entre la piedra austera de las calles centrales, la aparición de la reina Sofía fue casi un milagro. Parecía traer consigo su propia fuente de luz, y no solo por su cabello claro y perfectamente peinado, que encajaba con la solemnidad de la alfombra azul.
La Reina Emérita optó por un traje pantalón en un sofisticado tono blanco marfil, adornado con delicados bordados dorados. Fue una elección impecable. Aunque en algunas fotos y grabaciones no siempre es evidente, se puede suponer que el conjunto estaba confeccionado en seda u otra tela con textura, lo que aportaba al look una estructura y elegancia adicional. El elegante bordado en oro combinaba perfectamente con los accesorios: un clutch blanco sencillo pero brillante.
Merecen mención especial las joyas, por las que la reina Sofía siente una particular debilidad. En esta ocasión eligió la discreción: una hilera de perlas al cuello armonizaba con unos pendientes tipo botón sencillos. El look se completaba con un pequeño broche dorado y varias pulseras finas en la muñeca junto al reloj. Unos zapatos a juego con el traje, casi nupciales, remataban el conjunto.
Resulta inevitable la comparación con el estilo de Paloma Rocasolano, madre de Letizia. Al parecer, en sintonía con su hija, eligió un vestido oscuro, aunque de silueta bastante juvenil, pero con un estampado floral algo fuera de lugar. El peinado tampoco sumó puntos. Sin embargo, todos pudieron admirar sus piernas, tan bronceadas y marcadas como las famosas manos de su hija.
Es evidente que la reina Sofía juega en una liga completamente diferente. En esa donde el estilo se convierte en uniforme y las variaciones solo subrayan su impecabilidad. Es un territorio donde no hay lugar para errores, ya que la fórmula del éxito ha sido probada durante décadas. Y esta vez fue la reina emérita quien logró una victoria indiscutible.












