
El sistema de seguridad social de España ha superado un importante umbral psicológico y estadístico. Por primera vez en la historia, el número de trabajadores registrados de origen extranjero ha superado los 3,1 millones de personas. Este nuevo récord se alcanzó al cierre de octubre, cuando se sumaron 13.159 profesionales extranjeros más al sistema, lo que evidencia el constante flujo de mano de obra procedente del exterior. El aumento anual es aún más llamativo, alcanzando un 7,2%, casi tres veces superior al crecimiento general del empleo en el país, que apenas llegó al 2,4%. Esta dinámica deja claro que los trabajadores extranjeros se han convertido en el principal motor de expansión del mercado laboral en el reino.
El análisis del origen de los nuevos afiliados a la seguridad social ofrece una perspectiva interesante. La gran mayoría, alrededor del 70%, proviene de países fuera de la Unión Europea. Son más de 2,15 millones de personas que constituyen la base de la nueva fuerza laboral. El 30% restante corresponde a ciudadanos de la UE. Las comunidades de trabajadores más numerosas están formadas por personas de Marruecos (más de 365.000), Rumanía (alrededor de 340.000), seguidas por latinoamericanos, especialmente de Colombia (251.000) y Venezuela (casi 210.000), así como ciudadanos de Italia (211.000) y China (más de 126.000). Esta lista refleja de manera clara el carácter global de la migración laboral hacia España.
La distribución geográfica de los trabajadores extranjeros en el país es sumamente desigual. Los principales flujos se concentran en las regiones más desarrolladas y dinámicas económicamente. Cataluña lidera indiscutiblemente en la captación de mano de obra extranjera, con casi 710 mil personas empleadas, la mayoría de ellas en la provincia de Barcelona. Le siguen Andalucía, con 640 mil trabajadores, y la Comunidad de Madrid, donde están registrados alrededor de 620 mil cotizantes extranjeros. La Comunidad Valenciana también figura entre los principales polos de atracción. En el extremo opuesto, regiones como Extremadura, La Rioja y Cantabria cuentan con cifras mucho menores de trabajadores extranjeros, reflejando las diferencias económicas y demográficas dentro del país.
Este cambio demográfico no es solo una estadística fría, sino que refleja profundas transformaciones en la economía y la sociedad. Por un lado, la llegada de migrantes permite cubrir vacantes en sectores con escasez de personal y contribuye de manera notable a la sostenibilidad del sistema de pensiones. Por otro, plantea nuevos retos para las autoridades, como la integración social, la presión sobre el mercado de alquiler y la necesidad de adaptar los servicios públicos. Es evidente que la dependencia de la economía española respecto a la mano de obra extranjera solo crecerá en el futuro próximo, convirtiéndose en un factor clave para la planificación a largo plazo.












