
El último fin de semana de agosto en Madrid es un momento especial: el verano aún no ha terminado, pero la ciudad ya empieza a volver a su ritmo habitual. Para quienes acaban de regresar de vacaciones o no han salido de la capital, se abren nuevas oportunidades para reunirse y socializar. Madrid ofrece lugares donde encontrarse con amigos sin grandes planes y disfrutar del ambiente urbano.
Uno de estos lugares es Alquimia Vinos, un bar de vinos naturales en el barrio de Justicia. Aquí no hay una carta fija: cada semana el equipo selecciona nuevas referencias y propone vinos de España, Francia, Hungría e Italia. Todas las bebidas se acompañan de una degustación y una explicación sobre su origen. En los últimos meses, la cocina liderada por un chef formado en San Sebastián se ha sumado a la carta de vinos. El menú cambia con frecuencia y el ticket medio ronda los 30 euros. En Alquimia Vinos no aceptan reservas: se viene para pasar la velada y conversar con tranquilidad.
Los amantes de los postres deberían fijarse en Kala, una cafetería de yogur helado griego en el barrio de Salamanca. La fundadora de la cadena ya ha abierto seis establecimientos en diferentes ciudades de España, apostando por ingredientes naturales y la filosofía meraki: hacer las cosas con alma y atención al detalle. En Kala se puede elegir una base de yogur o kéfir y añadir frutas frescas, granola, miel, crema de frutos secos o compotas caseras. El interior destaca por tonos claros y elementos de madera, lo que crea una sensación de acogedora atmósfera mediterránea. El precio del postre ronda los cinco euros, y el ambiente invita a una pausa relajada.
Otra opción interesante para la noche es el restaurante Gran Vía 18, ubicado en los pisos superiores del edificio que anteriormente albergaba el hotel Roma. El local ocupa las dos últimas plantas y ofrece a sus clientes platos a la brasa, una interpretación moderna de las tapas tradicionales y cócteles de autor. El interior recuerda a unos elegantes apartamentos de los años 70 y desde las ventanas se tiene una vista directa a la arteria principal de Madrid. La cocina está dirigida por un chef que combina técnicas modernas con productos clásicos españoles: en la carta hay croquetas con bacon, chips con embutidos, carnes a la parrilla y pescado fresco. Como postre, fondant de chocolate, arroz con leche al estilo risotto y tarta de queso Payoyo. En la azotea hay una carta independiente con snacks rápidos y cócteles. El precio medio por persona es de unos 60 euros, y el menú ejecutivo cuesta 18,5 euros.
Cada uno de estos lugares refleja a su manera el espíritu de Madrid: aquí se valora la conversación sencilla, los productos de calidad y un ambiente en el que apetece quedarse más tiempo. Ya sea que prefieras el vino, los postres o una cena con vistas a la ciudad, en Madrid siempre hay un sitio perfecto para una reunión al final del verano.












